University of Texas Press
resumen

El siguiente artículo reflexiona sobre las respuestas ofrecidas a la Covid-19 en América Latina. Tales respuestas se encuentran seriamente limitadas por una debilidad estructural acuciante, una arquitectura regional endeble y un tablero geopolítico fracturado, como muestran las diferentes de Argentina y Brasil.

palabras

Covid-19, geopolítica, América Latina, Argentina, Brasil

la COVID-19 ha focalizado todas las miradas académicas y, por extensión, también la de las ciencias sociales. Éstas buscan ofrecer diferentes interpretaciones de cómo la pandemia puede afectar las relaciones políticas y sociales actuales (Weible et al., 2020). Numerosos trabajos se centran en cómo esta crisis sanitaria puede transformar el orden global (Campbell & Doshi, 2020), y de qué modo se representa multi-escalarmente, repercutiendo en diferentes ámbitos del Estado y el sistema internacional (Karabag, 2020; Menchero, 2020). Otros intentan prever el impacto del coronavirus y las respuestas que ocasiona en diferentes regiones del mundo (Emiliani, 2020; Gilbert et al., 2020), mientras que igualmente destacan los trabajos que observan la afectación de la pandemia sobre los elementos nacional-identitarios (Flynn, 2020), los aspectos discursivos (Maxwell et al., 2020) o las relaciones de género (Alon et al., 2020), entre muchas otras cuestiones.

Así, la mirada geográfica-política, que aboga por una ciencia política situada, tiene mucho que decir al respecto (Cairo, 2013). Especialmente, porque nos encontramos ante una amenaza trasnacional, que afecta a todas las escalas - global, regional, estatal y local- y que ocasiona importantes tensiones y contradicciones (Lois, 2020). Pareciera, por ende, que el debate que a inicios de los noventa discutía el sentido y alcance de la globalización (Marsh et al., 2006), se encontrara nuevamente vigente. De este modo, hay quienes anticipan el fin de la globalización, como el mismo John Gray (2000); los que prevén un cambio del sentido global actual (Farrell & Newman, 2020) y quienes más bien aventuran un proceso de desglobalización temporal (Niewiadomski, 2020).

El objetivo de este trabajo es reflexionar sobre el impacto y la respuesta que la Covid-19 ha generado en América Latina, en donde, a diferencia de la Unión Europea, se afronta la crisis pandémica sin una arquitectura regional sólida, desde la que [End Page 194] converger posiciones y respuestas estatales de manera consensuada (Ríos, 2020). Todo lo contrario, ha predominado el encapsulamiento geopolítico sobre un Estado que, a grandes rasgos, comparte debilidades estructurales e institucionales significativas. Sirva lo anterior también para mostrar una actual fractura geopolítica en el continente, la cual queda ilustrada con las respuestas ofrecidas por dos países tan disímiles hoy en día como son Argentina y Brasil.

américa latina frente a la pandemia de la covid-19

América Latina afronta esta crisis sin una arquitectura institucional definida. Los modelos de integración aperturistas, como Mercosur, Comunidad Andina o Alianza del Pacífico, a lo largo de toda la pandemia apenas han ofrecido respuestas de mínimos, sobre la gestión fronteriza, el intercambio de información o la búsqueda de fondos multilaterales de financiación para paliar sus efectos. Únicamente, el Sistema de Integración Centroamericano ha sido capaz de proveer un fondo regional por valor de 1.900 millones de dólares (Ríos, 2020).

Tampoco ha sido mejor la respuesta post-liberal (Da Motta & Ríos, 2006), en donde el proyecto bolivariano de ALBA o la apuesta suramericana de UNASUR están al borde de la desaparición. Sólo CELAC ha planteado escenarios de discusión epidemiológica a nivel regional y ha tratado de realizar informes sobre el impacto de la Covid-19. Por su parte, la Organización de Estados Americanos ha estado completamente ausente de cualquier acción regional y ha sido la Organización Panamericana de Salud, el único organismo que ha mostrado una verdadera preocupación por ofrecer posibilidades conjuntas en la prevención, gestión y respuesta frente al coronavirus (Ríos, 2020).

La crisis pandémica sanitaria llegó a América Latina a inicios de marzo, apenas unas semanas después de llegar a Europa. Al respecto, las respuestas gubernamentales han sido dispares, entre confinamientos inicialmente severos, como Argentina, Bolivia, Colombia, Honduras, Panamá o Perú; medidas menos restrictivas, como Chile, Ecuador, Guatemala y Uruguay; o respuestas erráticas, que llegaron a restar toda relevancia a la Covid-19, como México, Nicaragua o Brasil.

En estos tres últimos casos, la balanza de la ecuación economía/salud ha tratado de resolverse del lado del mercado, obviando que, para que se reactive la economía, deviene imprescindible un escenario de salud pública contenido. Como muestra lo anterior, Bolsonaro reconocía el día 25 de marzo, y con más de 2.200 contagiados, que "la vida debe seguir (…) los empleados tienen que ser mantenidos (…) ingreso de las familias tiene que ser preservado" (Público, 2020, para. 1). Andrés Manuel López Obrador, un día antes, y con 300 casos confirmados para un país que cuenta con apenas 4.000 camas de cuidados intensivos y una población de más de 125 millones de personas, alentaba al consumo: "Yo les voy a decir cuándo no salgan, pero sigan llevando a la familia a comer a las fondas porque eso es fortalecer la economía familiar y popular" (Infobae, 2020, para. 3). En Nicaragua, el gobierno de Daniel Ortega y Rosario Murillo impulsaba, a mediados de marzo, la marcha multitudinaria "Amor en tiempos de Covid-19", toda vez que el Ministerio [End Page 195] alertaba que el contagio podía afectar a más de 30.000 nicaragüenses. De hecho, la inacción de estos tres países obligaría a otras escalas y niveles subnacionales de gobierno, como Ciudad de México o Sao Paulo, a tener que anticiparse al nivel central y adoptar las primeras medidas de confinamiento.

Esta ausencia de dispositivos regionales y esta preeminencia del nivel estatal se entiende por varios factores tales como el recelo frente a la supranacionalidad, la comprensión de la política regional como política de gobierno y no de Estado, la debilidad de los mecanismos de confianza mutua o la multiplicidad de estructuras regionales ideologizadas, que invitan a la prevalencia el unilateralismo estatal (Ríos, 2017; Sanahuja, 2019; Riggirozzi, 2020).

Asimismo, el recurso de recurrir a Estados fuertes frente a la adversidad goza de alta popularidad en buena parte de la población (Cairo & Ríos, 2020). Esto, en tanto que, como reconoce el Latinobarómetro cada año, la inseguridad es la principal preocupación en América Latina. En un contexto como el actual, de marcado énfasis nacionalista, sobre la base de un discurso de beligerancia contra el coronavirus, se abre la puerta de una posible involución autoritaria, favorable a la restricción de derechos, la militarización de la seguridad y el estado de excepción.

Tampoco resulta favorable el panorama económico que presenta el continente y que, según la CEPAL (2020), ya iniciaba el 2020 con visos de estancamiento económico, producto de la reprimarización económica y la caída de los precios del petróleo. Al respecto, el impacto de la pandemia, unido a una dimensión estructural muy endeble, lo que más bien demanda es la centralidad del Estado, pero a efectos de priorizar el gasto público, la disposición de recursos y el respaldo a los sectores más vulnerables frente a la Covid-19.

Y es que no se puede obviar que América Latina tiene casi 200 millones de pobres, de los cuales, una tercera parte, además, se encuentran en situación de pobreza extrema (CEPAL, 2020). De hecho, se estima que la Covid deje consigo otros 12 millones de desempleados y 30 millones de nuevos pobres (CEPAL, 2020b). No ayuda tampoco la endeble institucionalidad y el escaso margen de recursos destinados a la sanidad pública, los cuales, en términos regionales, están por debajo del 3O del PIB, y que representa la mitad del mínimo esperado (OPS, 2017); la informalidad que supera del 50 por ciento, o la falta de acceso a sistemas primarios de salud afecta a una de cada tres personas en el continente.

En cualquier caso, esta situación debiera marcar un antes y un después respecto de los términos sobre los que se asienta en América Latina el trinomio Estado-Mercado-Sociedad, y la relación entre un nivel estatal y regional, el cual, lejos de entenderse en términos excluyentes, ha de comprenderse desde la complementariedad y el compromiso por la la cohesión social. Incluso, animando a repensar otros aspectos como el sentido y alcance de la ayuda humanitaria, la cooperación para el desarrollo o la arquitectura financiera internacional en su relación con los más desfavorecidos.

argentina y brasil: dos respuestas [End Page 196]

disímiles que marcan la realidad de un continente fragmentado

Frente a lo expuesto, Argentina y Brasil definen los extremos de un escenario geopolítico actualmente fracturado. Mientras el primero reivindica la importancia de un Estado fuerte, compatible con la necesidad de recuperar espacios de consenso multilaterales; el segundo recurre a una lógica ultraconservadora, de más mercado y menos Estado en lo económico, y más Estado y menos región, en lo político.

la respuesta de alberto fernández

La reacción argentina a la Covid-19 evoca cuánto de importante es el rol del Estado como garante de derechos y oportunidades para los sectores más vulnerables. Fernández supone una ruptura con respecto a Mauricio Macri, valedor ad intra de la privatización, la desregulación y la austeridad, y de unilateralismo complaciente en cuanto a su política exterior. El recién llegado presidente ha reubicado al Estado en el centro de lo político y de lo social. Fue el primero en tomar una posición drástica de confinamiento, tan pronto se dieron a conocer los primeros contagios. La prioridad era salvaguardar la salud pública, y aun cuando el Estado que hereda tras cuatro años de macrismo se halla notablemente debilitado, resultado de una política constrictiva del gasto público.

Entre las medidas más notorias destaca un sistema de alertas tempranas y el despliegue de recursos prioritarios para los sectores más vulnerables, ya sea con bonos y compensaciones o subsidios. Algo nada baladí, si se tiene en consideración que CEPAL (2020) ya pronosticaba que 2020, antes del corona-virus, sería un año difícil para la economía argentina.

Habrá que esperar a ver cómo se suceden los acontecimientos, pero en estas primeras semanas de alerta sanitaria, la popularidad de Fernández ha ganado enteros dentro y fuera del país. Es posible que sus apoyos para gobernar se refuercen tras esta situación extraordinaria. Algo que puede contribuir a recalibrar la relación Estado-Mercado y mejorar la posición negociadora de su deuda con el FMI. Además, el discurso de Fernández escapa de otros tópicos que bien merece ser tenido en consideración. Huye del discurso bélico, de guerra contra un virus, que trata como vencedores a quienes superan la enfermedad, pero como vencidos a quienes no lo logran, además de enaltecer un unilateralismo securitario y un nacionalismo exacerbado que simplifican los extremos del problema a ellos y nosotros.

De otro lado, Fernández reivindica la importancia de recuperar foros de diálogo y consenso latinoamericanos, aparte de la necesidad de integrar compromisos humanitarios con los países que atraviesen mayores dificultades, y retomar una arquitectura regional que en los últimos años se ha debilitado, mostrando cómo lo nacional y lo regional son escalas complementarias y nunca excluyentes.

la respuesta de jair bolsonaro

Brasil es el país latinoamericano en donde mayor resulta el impacto de la Covid-19. No sólo por su mayor peso demográfico, sino por el hecho de haber tomado decisiones erráticas y poco consistentes en las primeras semanas de pandemia. Bolsonaro ha primado la [End Page 197] normalización económica frente al alarmismo sanitario. Por ello, han tenido que ser los niveles subnacionales de gobierno los que, no sin arbitrariedad, hayan adoptado las posiciones más restrictivas de confinamiento, sin el respaldo del nivel central, y bajo un clima de tensión entre el Gobierno, el Legislativo y el Poder Judicial.

Su enfrentamiento con el ministro de Sanidad -destituido el 16 de abril- y con algunos partidos que hasta entonces respaldaban su mandato, han contribuido a que decaiga su popularidad. Sus decisiones ahora mismo pasan por su entorno político y personal más inmediato y por la prioridad de mantener el respaldo de las Fuerzas Armadas. Algo que explicaría el apoyo presidencial a las conmemoraciones del golpe de estado de 1964, y que redunda en la involución autoritaria experimentada tras sus 15 meses de gobierno.

Aunque el estado de calamidad fue reconocido el 18 de marzo, no se aprecian acciones claramente orientadas a paliar el impacto de la Covid-19 en los sectores más vulnerables y, lo más grave, una hoja de ruta que muestre cómo el gobierno propone resolver la ecuación economía/salud. Las decisiones gubernamentales llegan con cuentagotas, poniendo de manifiesto un cierto pavor por afectar negativamente a la economía. Quizá, esta ortodoxia lo que deja claro es que la gestión de la emergencia brasileña será de las más endebles y menos intervencionistas, en lo que restricciones y recursos se refiere.

Hacia fuera, no se ha limitado el flujo de viajeros y personas durante las primeras semanas y se exacerba el escepticismo hacia cualquier posible consenso regional. De forma similar a Trump, Bolsonaro ha reescrito el código geopolítico de Brasil hacia el continente, en términos de unilateralismo y distanciamiento con los compromisos internacionales. No obstante, todo hace parte de una política sobrevenida, oscilante y arbitraria, en donde el plano regional se instrumentaliza en favor de salvaguardar el interés nacional y la posición preeminente de Brasil, en oposición a América Latina o a organizaciones internacionales como la OMS (Ríos, 2020).

conclusiones

América Latina afronta esta crisis con una arquitectura regional debilitada y sin mecanismos colectivos para el diseño de respuestas comunes frente a la pandemia. Así, el recurso estatal ha prevalecido, entre posiciones erráticas que infravaloran la crisis, y posiciones restrictivas de confinamiento que buscan evitar la propagación del virus.

Problemas estructurales tales como la exclusión social, la vulnerabilidad, la falta de recursos o la debilidad institucional de buena parte de los aparatos estatales de la región, hacen que más que nunca sean imprescindibles las medidas preventivas y las respuestas de impronta social y política destinadas a proteger a los sectores más desfavorecidos.

Al respecto, Brasil y Argentina visibilizan a la perfección dos extremos sobre los que entender el panorama geopolítico latinoamericano. Argentina no ha dudado en centralizar al recurso público, el consenso político y la acción concertada para el nivel internacional, mientras que Brasil hace todo lo contrario.

Queda por ver cómo se resolverá esta [End Page 198] crisis. En el plano de lo político sólo serán vendedores aquellos que con sus decisiones consigan el respaldo popular, la legitimidad social y la construcción de consensos. Elementos que hoy más que nunca reclaman la importancia de una orientación regional que debe ser recuperada. Sólo a problemas compartidos regionalmente se le pueden ofrecer soluciones construidas desde lo colectivo.

Jerónimo Ríos Sierra
Universidad Complutense de Madrid

reconocimientos

Este trabajo de investigación es resultado del proyecto 2018-T2/SOC-10508, su autor es Investigador postdoctoral en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la Universidad Complutense de Madrid, como beneficiario de las Ayudas de Atracción del Talento Investigador que cofinancia la Comunidad de Madrid (2018).

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Additional Information

ISSN
1548-5811
Print ISSN
1545-2476
Pages
194-201
Launched on MUSE
2020-07-25
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