Abstract

Resumen:

La mayoría de las novelas petroleras venezolanas muestran el surgimiento y crecimiento de enclaves petroleras en los años veinte y treinta. Este enfoque histórico ha llevado a los críticos literarios del país a descartar a la literatura petrolera como provincial y obsoleta. Sin embargo, al describir cómo una de las industrias más sigilosas del mundo estableció sus prácticas locales en Venezuela, novelas como Oficina No. 1 (1961) de Miguel Otero Silva y Guachimanes (1954) de Gabriel Bracho Montiel nos ayudan a replantear las periodizaciones convencionales del siglo XX venezolano. Este artículo argumenta que estos textos desafían muchos de los mitos que sostienen la idea de una Venezuela moderna, en particular la de una nación que suprime repetidamente su pasado a través de su vasta riqueza petrolera. Al priorizar las continuidades en el proceso de extracción, Oficina No. 1 y Guachimanes desafían una visión del cambio histórico como una serie de rupturas llevadas a cabo por el petro-estado, creando así un espacio para considerar hasta qué punto el petróleo y el estado llevan a cabo los cambios sociales en Venezuela.

Abstract:

The majority of novels about oil in Venezuela depict the emergence and growth of oil enclaves in the 1920s and 1930s. This focus on the early years of oil exploitation has led critics to dismiss the country's oil literature as provincial and outdated. However, by depicting how one of the most secretive industries in the world established its local practices in Venezuela, novels such as Oficina No. 1 (1961) by Miguel Otero Silva and Guachimanes (1954) by Gabriel Bracho Montiel reframe conventional periodizations of the country's history. This article argues that these texts' depictions of oil extraction enclaves undermine many of the myths accompanying the idea of a modern Venezuela—in particular that of a nation that repeatedly abolishes its past through its vast oil wealth. By prioritizing the continuities in the extraction process, these texts ultimately challenge a notion of historical and territorial change as a series of breaks made possible by an oil-rich state. Far from mere representations of a bygone era, the texts carve a space to consider the extent to which social change in Venezuela is simultaneously enabled and inhibited by oil and the state.

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