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resumen

Como Colectivo de Geografía Crítica del Ecuador hemos acompañado a movimientos socio-territoriales en luchas por sus territorios. A partir de nuestro trabajo en cuatro comunidades en Ecuador, este artículo tiene el objetivo de extender la conceptualización sobre nuevas formas de resistencia desarrolladas por movimientos en procesos de reterritorialización. Estas formas de resistencia no solamente se enfrentan a procesos de acumulación capitalista, sino que desafían dinámicas patriarcales, racistas y coloniales. Generamos una propuesta desde la geografía feminista latinoamericana para discutir el potencial de los movimientos socio-territoriales de re-crear significados del territorio partiendo del entendimiento interseccional y multiescalar de sus luchas y en la construcción de territorios plurales de vida.

abstract

As the Critical Geography Collective of Ecuador we have accompanied socio-territorial movements in struggles for their territories. Based on our work in four communities in Ecuador, this article aims to extend the conceptualization of new forms of resistance developed by movements in processes of reterritorialization. These forms of resistance challenge not only processes of capitalist accumulation, but also patriarchal, racist, and colonial dynamics. From the perspective [End Page 87] of feminist Latin American geography, we discuss the potential of socio-territorial movements to recreate meanings of territory based on intersectional and multi-scalar understandings of their struggles in the construction of plural territories of life.

palabras clave

des/reterritorialización, interseccionalidad, multiescalaridad, movimientos socio-territoriales, Ecuador

keywords

de/reterritorialization, intersectionality, multiscalarity, socio-territorial movements, Ecuador

introducción

Desde la geografía crítica, se cuestiona la manera en que el estado ecuatoriano ha emprendido una política de construcción de territorios de sacrificio bajo un modelo extractivo predominante (Silveira et al., 2017). La planificación territorial, el ofrecimiento de proyectos compensatorios y la cooptación de dirigencias locales han sido las principales estrategias para legitimar actividades extractivas y como proceso de desterritorialización de los habitantes que viven en espacios de sacrificio (Svampa, 2011; Ehrnström-Fuentes, 2017; Silveira et al., 2017; Vela-Almeida, 2018). Esta desterritorialización ante la llegada de los proyectos extractivos supuso un atropello continuado contra las comunidades, pueblos y nacionalidades y, sobre todo, las mujeres rurales, estableciendo nuevas relaciones de género y agudizando la violencia basada en género (Puleo, 2002; Ulloa, 2016; Bolados García & Sánchez Cuevas, 2017).

Como consecuencia, nuevos movimientos socio-territoriales marcados por el despojo han emergido y resistido de manera constante ante las acciones del capital extractivo. Concebimos a los movimientos socio-territoriales en su dimensión espacial, como sujetos políticos que están apropiándose y reconfigurando un territorio, reterritorializando sus lógicas a partir de una disputa de poder sobre un modelo de vida (Porto Gonçalves, 2009; Svampa, 2016), mediante la triada território-territorialidade-territorialização (Porto Gonçalves, 2001). Es decir, estos movimientos sociales, al territorializarse, han generado una propuesta política que construye subjetividades colectivas como una forma de apropiarse del espacio en la búsqueda por romper modelos marcados por la acumulación capitalista, coloniales, racistas y patriarcales de territorialización que queremos presentar en este estudio (Svampa, 2016; Silveira, 2019).

El objetivo de este artículo es relacionar las propuestas de reterritorialización experimentada en las luchas de los movimientos socio-territoriales con las recientes propuestas de interseccionalidad y multiescalaridad en el espacio, utilizando cuatro casos de estudio en Ecuador. Es desde esta perspectiva que introducimos, como Colectivo de Geografía Crítica del Ecuador, una propuesta desde la geografía feminista latinoamericana para elaborar un acercamiento conceptual entre territorialización, interseccionalidad y multiescalaridad con el fin de articular las disputas existentes y las posibles formas de construir territorios plurales. Este artículo busca conectar la acción territorial interseccional y multiescalar como definición teórica y también como praxis política cotidiana, fundamental para enfrentar la arremetida del capital mediante megaproyectos y un modelo urbano que antepone la acumulación de capital a la vida misma.

Como Colectivo de Geografía Crítica del [End Page 88] Ecuador hemos acompañado y provisto de herramientas metodológicas desde el feminismo para las luchas de los movimientos socio-territoriales que se organizan para defender sus espacios de vida frente a la entrada de proyectos extractivos de diversa índole (Colectivo de Geografía Crítica del Ecuador, 2018). Así nos planteamos a la geo-grafía motivada por el compromiso social y pensada con y para la gente (Porto Gonçalves, 2001). Este trabajo sirve para tejer lazos con movimientos socio-territoriales: comunidades indígenas y campesinas de los Andes y comunidades afro-ecuatorianas de la costa que defienden sus tierras frente a la entrada de proyectos agroindustriales; asociaciones de mujeres indígenas, pueblos y comunidades de la Amazonía, afectados por la contaminación tras décadas de extracción petrolera y nuevos proyectos mineros; y comunidades peri-urbanas que defienden la integridad de su territorio frente a los fenómenos de expansión urbana. Es desde esta posición de investigación-acción que plan-teamos el siguiente análisis para entender los procesos de des/reterritorialización en Ecuador.

las resistencias territoriales: des/reterritorialización y territorios plurales desde la geografía feminista latinoamericana

Los conflictos territoriales en Latinoamé-rica han sido ampliamente analizados desde los estudios de desarrollo e intercambio ecológico desigual (Martínez-Alier, 2006; Bebbington, 2007; Walter, 2009; Gudynas, 2015; Wilson & Bayón, 2017). Sin embargo, dentro del debate sobre los procesos de reterritorialización de los movimientos socio-territoriales, nuevas propuestas desde una geografía feminista latinoamericana y descolonial han emergido con fuerza en los últimos años (Asher, 2013; Jenkins, 2015; Ulloa, 2016; Radcliffe, 2017; Colectivo de Geografía Crítica del Ecuador, 2017a; Zaragocín, Moreano & Alvarez, 2018; Pensamiento Geográfico Crítico Latinoamericano, 2019; Zaragocín, 2019). Este surgimiento se inspira en las propuestas del feminismo popular, comunitario y descolonial, nacido desde los movimientos sociales. Así mismo, la correlación entre el aumento de la violencia en el territorio y el cambio de las relaciones de género han sido una de las discusiones más visibles en relación con el extractivismo y la entrada de capitales globales a los territorios (Gartor, 2014; García Torres 2017; Colectivo Miradas Críticas del Territorio desde el Feminismo, 2018).

Las luchas sociales y los conflictos territoriales producen transformaciones territoriales motivadas por las continuas acciones de los movimientos socio-territoriales sobre sus propios territorios, en contraposición con la propuesta de que el estado es el único productor de territorio (Santos, 1978). Así, las luchas por la tierra son entendidas como procesos de apropiación del espacio y donde el territorio a su vez se transforma por la constante reconfiguración de las relaciones de poder que reproducen territorialidades múltiples en disputa (Porto Gonçalves, 2001; Haesbaert, 2011). Por este motivo, conceptos [End Page 89] como la desterritorialización y la reterritorialización se han vuelto esenciales para nuestro análisis. Definimos la desterritorialización y la reterritorialización como procesos dialécticamente relacionados en la que se da una disputa por el espacio entre distintos sujetos sociales y políticos (Haesbaert, 2011; Bonilla, Maldonado, Silveira, & Bayón; 2016). La desterritorialización se refiere a los procesos territoriales iterativos del capitalismo global que expanden forzosa y continuamente la frontera extractiva para privatizar espacios comunes. Esto sucede al transformar en primer lugar los regímenes institucionales y crear nuevas formas de relaciones socio-espaciales entre las personas que habitan en las fronteras extractivas y, en segundo lugar, al desactivar la resistencia social (Ehrnström-Fuentes, 2017; Silveira et al., 2017; Vela-Almeida, 2018).

Al contrario, los procesos de reterritorialización se muestran en búsqueda de territorios plurales de vida al establecer prácticas cotidianas de las poblaciones locales que confrontan la lógica del ordenamiento territorial y la legibilidad nacional (Scott, 2008). Así, se generan territorios de tensión y disputa de poder sobre quién tiene el dominio y control para decidir sobre esos espacios (Zambrano, 2001). Los conflictos territoriales entonces se muestran como luchas de poder sobre la toma de decisiones y territorialidades y la disputa sobre la significación simbólica y material de ese espacio. Por lo tanto, la reterritorialización propone la construcción de territorios plurales donde convergen múltiples territorialidades como distintas lógicas sociales y culturales que se construyen continuamente a través de la reproducción de identidades colectivas movilizadas por un sentido de pertenencia a un espacio plural (Zambrano, 2001).

El trabajo del Colectivo de Geografía Crítica del Ecuador aparece entonces enmarcado dentro de un proceso de transformación teórico-metodológica que busca entender a los territorios plurales, interseccionales y multiescalares que se reproducen en la cotidianidad de las acciones de quienes los viven, los luchan y los sustentan. Proponemos que es un reductivismo tanto conceptual como metodológico plasmar a los territorios como unidades impermeables, inmaleables y absolutas del estado-nación soberano, sin entender las relaciones de poder y las disputas territoriales a lo largo de procesos históricos ligadas a relaciones políticas y socio-económicas coyunturales (Forsberg, 2003). Es así como la construcción de resistencias territoriales en miras de entender la existencia de territorios plurales solamente puede existir a través del entendimiento plural, interseccional y multiescalar de las luchas sociales de los movimientos socio-territoriales y desde las personas que habitan esos espacios de vida. Estos son debates latinoamericanos sobre el territorio que se nutren desde el feminismo interseccional.

La interseccionalidad surge como respuesta a los debates sobre las interconexiones existentes entre las múltiples identidades corporales y territoriales expresadas en un mismo sujeto o espacio (McCall, 2008; Yuval-Davis, 2011; Nightingale, 2011; Rodóde-Zárate, 2014). Así, la interseccionalidad parte de la idea de que el espacio y las identidades son co-implicadas y co-constituidas (Valentine, 2007; Nightingale, 2011). Esta [End Page 90] propuesta teórica y praxis política, nacida desde el feminismo negro (Crenshaw, 1991; Davis, 2011), sirve para afirmar que el espacio es clave en el proceso de formación del sujeto porque el territorio se convierte en elemento indispensable para entender cómo las especificidades de las experiencias cotidianas son vividas y contribuyen a la producción de sistemas estructurales del poder. Bajo este precepto, las inequidades son superpuestas, emergen en el espacio como simbólicas y materiales y son co-producidas debido a hegemonías históricas de clase, raciales, patriarcales y coloniales (Nightingale, 2011). La propia noción de interseccionalidad nos ayuda a entender también los procesos de construcción de una conciencia ecologista y de una relacionalidad diferente desde nuevos actores políticos y territoriales, al reconocer a las mujeres como agentes políticos propositivos y a la naturaleza como sujeto de derechos (Escobar, 2008; Stephen, 2010; Féliz & Migliaro, 2017).

Los procesos de reterritorialización también son multiescalares al entender cómo el control territorial pasa por múltiples espacios de toma de decisiones desde los propios cuerpos, el hogar, lo comunal, hasta las consideraciones de lo nacional, regional o global (Rangan & Kull 2009; Urkidi, 2010; Smith, 2012; Bayón & Arrazola, 2018; Vela-Almeida, Kolinjivadi, & Kosoy, 2018; Duer & Vegliò, 2019). Es decir, la profunda penetración del capital en los territorios debe mirarse desde la escala del cuerpo en primer lugar hasta una disputa de carácter global a través de una apuesta multiescalar de lucha (Giménez, 2005). Esto es importante notar porque la dominación de los territorios pasa por violentar los cuerpos desde las diferentes formas de opresión a los grupos subalternos, en medio de violencias que conjugan al estado y las fuerzas para-estatales y transnacionales, desplegándose de forma creciente (Segato, 2004). Como consecuencia, esta violencia genera procesos específicos de muerte-cuerpo-territorio (Zaragocín, 2019), donde las territorialidades indígenas se han ubicado crecientemente en espacios cada vez más remotos, resultado del avance colonial de los procesos de penetración del capital y del despojo territorial.

La geografía feminista ha apostado así por el énfasis en la experiencia vivida, el análisis multiescalar y su relación con las discusiones de la interseccionalidad (Ródo-de-Za-rate, 2014; Hanson, 2020), y ha manifestado que el poder opera mediante espacios particulares para sistemáticamente (re)producir inequidades de múltiples maneras (Valentine, 2007). Es desde este posicionamiento teórico que sostenemos que conceptualizaciones latinoamericanas sobre territorio, como el de des/reterritorialización, han quedado ausentes de las discusiones sobre interseccionalidad en la geografía feminista anglosajona. Nuestra propuesta de geografía feminista descolonial latinoamericana, que une las críticas feministas sobre el territorio desde la región con los planteamientos generales de la geografía feminista anglosajona, como aquellas relacionadas con la interseccionalidad y multiescalaridad, permiten una nueva propuesta relacional para la defensa de los territorios y la acción de los movimientos socio-territoriales.

Desde esta perspectiva, proponemos que la reterritorialización para la construcción de [End Page 91] territorios plurales de vida solo tiene sentido al trascender la lucha exclusiva contra el extractivismo, proponiendo nuevas formas de lucha y organización colectiva multiescalar e interseccional. A continuación, presentamos el trabajo del Colectivo de Geografía Crítica del Ecuador junto a movimientos socio-territoriales en la búsqueda teórico-metodológica y de praxis cotidiana para entender los procesos de desterritorialización y reterritorialización en Ecuador.

desterritorialización: entendiendo patrones de desigualdad de clase, patriarcales, raciales y coloniales en los territorios de vida

Los procesos de desterritorialización en Ecuador se han entendido generalmente desde una óptica de la influencia del capital global sobre los espacios de vida. Históricamente, el estado ecuatoriano ha priorizado un modelo de desarrollo económico primario-exportador, centrado principalmente en la extracción y exportación de commodities. Esto ha provocado la intensificación de los conflictos territoriales como resultado de la minería, el petróleo, los megaproyectos agroindustriales y otras industrias extractivas. En los últimos años, varios estudios han cuestionado las decisiones sobre los proyectos estratégicos extractivos, implementados tanto por gobiernos neoliberales como progresistas, debido a que se enmarcan en el Consenso de los Commodities (Svampa, 2013), un modelo basado en la exportación de materias primas mediado por los estados (Bebbington & Humphreys-Bebbington, 2011; Gudynas 2015; Arsel, Hogenboom & Pellegrini, 2016).

Si bien esta crítica al modelo extractivo dentro de los territorios es importante, no ha sido suficiente para entender los procesos de desterritorialización en sus múltiples ejercicios de dominación hacia los habitantes locales. Es por esto que planteamos que los procesos de desterritorialización estatal deben entenderse sobre los modelos de desarrollo históricos, motivados por el capital económico, pero también necesariamente como modelos condicionados por el capital patriarcal, racista y colonizador que se reproduce en el país.

Tras varios años trabajando en temáticas sociales y ambientales con movimientos socio-territoriales, pudimos constatar cómo los efectos de los proyectos mineros, petroleros o de la agroindustria aterrizan siempre, con mayor fuerza en las comunidades, pueblos y nacionalidades y de manera específica en las mujeres, a menudo excluidas de los procesos de toma de decisiones. Por ejemplo, los ejes de acumulación de capital en el territorio ecuatoriano tienen una especificidad étnica bastante marcada. Mientras los bloques petroleros se ubican mayoritariamente en los territorios indígenas amazónicos, las concesiones mineras se ubican en las áreas altas y remotas de la sierra donde el proceso colonizador desplazó a las comunidades indígenas y campesinas Kichwas, la agroindustria se ha desplazado especialmente hacia los territorios afroecuatorianos, montubios e indígenas de la costa y la expansión urbana se produce encima de territorios de las comunas ancestrales que las circundan. [End Page 92]

Los procesos de desterritorialización pueden ser entendidos como procesos de apropiación y dominación. Haesbaert (2008) plantea que "el territorio, inmerso en relaciones de dominación y/o apropiación sociedad-espacio, se prolonga […]a lo largo de un continuum que va desde la dominación político-económica más 'concreta' y 'funcional' a la apropiación más subjetiva y/o 'cultural-simbólica'" (p. 20). Si los proyectos extractivos se instalan por despojo de la tierra y violencia hacia los cuerpos en resistencia, eso es reflejo de la forma patriarcal, racista y colonial en la toma de decisiones sobre los territorios. La acumulación por despojo se materializa en la nulificación del potencial de los habitantes de estos territorios de decidir sobre sus economías, sus tierras, sus formas de vida y, por ende, la decisión en la forma en que sus cuerpos se reproducen y producen en el espacio. Es decir, es necesario entender la manera en que la escala donde se articula el capital global tiene implicaciones en los cuerpos y las relaciones íntimas, por ejemplo: en la salud, la economía y el bienestar de las personas que se ven afectadas por proyectos extractivos.

Este estudio se centra en cuatro espacios de vida como casos donde se aprecia de forma intensa las principales formas de dominación territorial que supone el anudamiento del capital, el patriarcado, el racismo y el colonialismo en la implantación de un modelo de desarrollo. La elección de los cuatro casos responde a que el colectivo ha trabajado junto a los movimientos socio-territoriales mencionados, quienes afrontan procesos de des/reterritorialización en sus espacios de vida. El trabajo en estos cuatro casos parte de solicitudes puntuales de acompañamiento dentro de su lucha de defensa territorial.

El primero es el caso de la implementación de la megaminería sobre el territorio Shuar de la Cordillera del Cóndor, situado entre dos provincias al sureste amazónico del Ecuador: Zamora-Chinchipe y Morona-Santiago. La Cordillera del Cóndor es un espacio pluriétnico, territorio del pueblo Shuar compartido con grupos mestizos migrados de los Andes ecuatorianos en las últimas décadas. Empresas transnacionales mineras ingresaron a este lugar a principios del 2000 para desarrollar dos megaproyectos: los proyectos Mirador y Panantza-San Carlos. En los últimos años, estos proyectos han promovido el desalojo y militarización de comunidades completas de población indígena-campesina de San Marcos, Nankits y Tusmtsuim, así como violencia a las comunidades en resistencia opuestas a la construcción de la infraestructura para la explotación minera a gran escala. Durante los episodios de desalojos y violencia derivada, la discriminación estatal ha sido bastante marcada, con una política de ataque directo al pueblo Shuar y cooptación de su dirigencia. Por ejemplo, ante el levantamiento indígena contra el campamento minero en 2016, se militarizó la comunidad Shuar de Tsumtsuim y se encarcelaron a líderes Shuar como mecanismo de intimidación y persecución a los movimientos socio-territoriales en resistencia, destruyendo las viviendas y logrando el desalojo de familias enteras que vaciaron sus espacios de vida.

El segundo es la comuna afroecuatoriana Cinco de Junio-Wimbi ubicada al noroeste del país, en un territorio intersticial de la selva del Chocó en la provincia de Esmeraldas. El territorio de Wimbí se ha construido históricamente [End Page 93] como un lugar de huida del esclavismo, relativamente remoto, donde la población afroecuatoriana encontró un espacio de vida y abundancia para construir una autonomía territorial. Este territorio fue apropiado desde la época colonial, a partir de un proceso de reterritorialización negra contra la colonialidad y el racismo. A este territorio llegaron intereses agroindustriales de plantación de palma aceitera desde el año 2016, a través de la empresa palmicultora Energy Palm. La unión comunitaria de Cinco de Junio-Wimbí rechazó el intento de invasión de sus tierras de cultivo, se levantó en lucha y evitó su ingreso. Sin embargo, la empresa apoyada por la policía ingresó a lugares cercanos a la comunidad, reemplazando cultivos de autosuficiencia con plantación de palma aceitera. Más aún, con tierras que el estado ecuatoriano no reconoce legalmente y el acoso de diversos agentes del capital (empresas mineras, madereras y palmicultoras), el territorio se va fragmentando progresivamente. Las empresas palmicultoras se han extendido hacia las partes altas de las estribaciones montañosas donde se encuentran otras poblaciones afroecuatorianas con siglos habitándolas. La falta de compromiso del estado ecuatoriano con la territorialidad afroesmeraldeña ha sido utilizada por capitales nacionales industriales para establecerse en los territorios afro, en medio de una disputa desigual. Este desentendimiento se debe a la propia matriz históricamente colonial del estado ecuatoriano, donde el territorio no dominado por su forma de extracción del trabajo esclavo quedaba como territorio vacío, lo que permite a las empresas ingresar en el territorio de manera fraudulenta, motivando a la parcelación de tierras ancestrales. Esta parcelación sucedió con acuerdos económicos engañosos que intentaron fragmentar a la comunidad, mediante contratos de compraventa individuales avalados por el estado pese a no tener un registro de los límites de las comunas. Las negociaciones sucedieron exclusivamente con hombres porque las mujeres suelen no ser consideradas en la toma de decisiones.

El tercer caso es un pequeño territorio indígena Épera, del norte de la costa ecuatoriana, donde las dinámicas de colonización, introducción de palma aceitera y minería están llevando al colapso sus territorios fluviales y poniendo en peligro la continuidad de la nacionalidad Épera. El territorio indígena Épera se encuentra acosado por el avance de la agroindustria, la minería y la deforestación, exponiendo a la nacionalidad con una población pequeña, a un proceso de eliminación étnica debido al anudamiento de múltiples violencias (Zaragocín, 2019). Estas violencias se ven arraigadas en los cuerpos y sus afectaciones en la salud producto del deterioro de la calidad del agua del río contaminado por las descargas de producción minera, agrotóxicos de la palma africana y la producción de cacao y el combustible de las canoas que los transitan. La contaminación del agua no solamente reduce el acceso a pescado como fuente de alimentación de esta población, sino que tiene efectos directos sobre la salud de las personas que se bañan en el río. Estas afectaciones constituyen un riesgo para la supervivencia cultural y material de un pueblo con una población reducida. Las violencias territoriales se conforman en el acoso a este pueblo entero hasta llevarlo a un futuro incierto, recayendo sobre las mujeres cargas y responsabilidades absolutas [End Page 94] de la reproducción de la vida Épera frente a procesos de despojo territorial causada por la intervención del capital.

El cuarto caso es la comuna indígena Tola Chica, ubicada en una zona periurbana de Quito, capital de Ecuador. Los procesos de desterritorialización que afectan a la Tola Chica tienen que ver con la expansión urbana capitalina hacia los valles orientales. En medio de debates sobre su viabilidad como comuna, la Tola Chica actualmente representa para los habitantes fundamentalmente un lugar común de procedencia e identidad. Los habitantes se ven presionados por los capitales de inversión para infraestructuras viales y el boom inmobiliario privado. Las áreas colindantes a la comunidad tuvieron profundas revalorizaciones del suelo, lo que ha provocado presiones para que tanto la Tola Chica, como el resto de las comunidades vecinas fraccionen y loticen sus tierras. Este fenómeno se graba debido a que la mayoría de las personas de la Tola Chica ya no viven ni trabajan en el espacio comunal, sino están asentados en los barrios próximos. Más aún, las relaciones que el gobierno de la comuna mantiene con el municipio reflejan el carácter colonial que todavía prevalece en la administración estatal. Los dirigentes de la comunidad se quejan de que, a pesar de estar legalmente reconocidos y amparados por la Constitución Ecuatoriana, necesitan validación estatal para legitimar a sus dirigentes. Adicionalmente, no se sienten considerados como prioridad al momento de recibir servicios públicos como electricidad, por ser territorio comunal. Así, la administración municipal presiona para titularizar de manera individual los lotes de viviendas, con el argumento de que facilitaría la instalación de infraestructura necesaria para la dotación de este servicio público. Las relaciones de poder entre los diferentes gobiernos y administraciones dejan ver así un tinte discriminatorio ante esta incapacidad de interlocución con otros sujetos que funcionan bajo un régimen institucional diferente.

Los cuatro casos muestran cómo el modelo de desterritorialización está estructurado por procesos de expansión del capital hacia territorios cada vez más periféricos. Asimismo, todos los casos ilustran cómo estos procesos llegan mediante un racismo estatal, anclado a la colonialidad de su planificación y a la actuación de sus cuerpos de represión a través de la intimidación y la militarización. Ilustran también cómo los avances del capital suponen una reformulación de los patriarcados territoriales, tanto por el acoso específico a las mujeres que están defendiendo sus territorios, como por las formas en las que se reconfiguran los patriarcados locales ante las nuevas embestidas e invasiones nacionales y transnacionales. En este anudamiento de poderes territoriales se basa nuestra mirada interseccional y multiescalar.

metodologías para entender la reterritorialización desde lo interseccional y multiescalar

El trabajo con los movimientos socio-territoriales en procesos de reterritorialización nos ha hecho conscientes de la construcción continua de los espacios de vida de las personas que habitan estos lugares analizados. [End Page 95] Dada la complejidad de las problemáticas y la diversidad de actores involucrados, se hace necesario abordar diversas tareas de investigación-acción. Los conflictos vividos por pueblos indígenas quiteños, las comunidades afro-esmeraldeñas o los pueblos indígenas Shuar y Épera tienen varios puntos en común pero también profundas diferencias respecto a las territorialidades específicas. Por lo tanto, las herramientas utilizadas precisan adaptarse a las circunstancias particulares y las sensibilidades puestas en juego. Nuestra acción entonces se ha fundamentado en poner a disposición de los movimientos socio-territoriales herramientas para mirar el espacio en sus relaciones de poder y propiciar debates ocultos que permitan generar alianzas interseccionales y multiescalares (más sobre los métodos empleados en Colectivo de Geografía Crítica del Ecuador, 2018).

Una de las cuestiones que nos ha interpelado, a partir de sumergirnos en la geografía feminista, y más específicamente dentro de las perspectivas de la geografía feminista descolonial latinoamericana, tiene que ver con el encarnamiento de relaciones de poder en el espacio. El colectivo parte de la elaboración cartográfica para mostrar una realidad que cuestione las formas de dominación territorial del capitalismo, el patriarcado, el racismo y el colonialismo. Así, las metodologías que hemos utilizado para mirar las relaciones de poder muestran cómo estas relaciones se encuentran impregnadas en los territorios y, por lo tanto, necesitan ser deconstruidos (Zaragocín et al., 2018).

En primer lugar, consideramos nuestra propia posicionalidad como colectivo, siendo parte de un proceso de rendición de cuentas y un ejercicio de descolonialidad en la construcción de conocimiento geográfico (Daigle, 2017). A un nivel teórico y político, nuestro trabajo parte de un compromiso explícito por contribuir a procesos enmarcados en un cuestionamiento contra los modelos de desarrollo capitalista y las formas de explotación y alienación que ejercen sobre las personas y territorios. Pretendemos que nuestro trabajo aporte a visibilizar cómo tales modelos de desarrollo, en su concreción territorial, generan efectos devastadores en la naturaleza e impiden que los seres humanos que los habitan puedan tomar el control sobre sus vidas. Partimos de una crítica radical y sistemática a un modelo ideológico que afecta a la vida como un todo. De esta manera, reconocemos que existen otras formas de opresión que se hibridan en este proceso, y, por lo tanto, nos declaramos feministas y descoloniales en tanto que asumimos que los procesos de resistencia que acompañamos tienen también la necesidad de cuestionar unas relaciones de poder de género y racializadas en el espacio, y también existentes al interior de los propios movimientos socio-territoriales con los que trabajamos.

A través de la cartografía social de la cotidianidad, nos hemos involucrado con métodos que reflejan la investigación-acción que nos interesa emprender junto a movimientos socio-territoriales, permitiendo que las personas plasmen una representación del espacio específicas para aquellos a quienes los mapas o técnicas cartográficas buscan representar. Los mapeos comunitarios, transectos fluviales o el mapeo del cuerpo como territorio nos han permitido explorar las respuestas desde la interseccionalidad en las [End Page 96]

Figure 1. Mujeres Shuar "regresando a la comunidad" después del desalojo de Tsumtsuim.
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Figure 1.

Mujeres Shuar "regresando a la comunidad" después del desalojo de Tsumtsuim.

invasiones de los megaproyectos del capital (Colectivo de Geografía Crítica del Ecuador, 2018). La metodología de los mapeos comunitarios fue sistematizada en nuestra primera cartilla Geografiando para la Resistencia (Colectivo de Geografía Crítica del Ecuador, 2017b).

La cartografía social ha sido una importante herramienta para desjerarquizar los debates sobre el territorio, saliendo no solo de los límites espaciales cartesianos (Habermas, Redondo, & Garrido, 1984), sino también de los cortes temporales o espaciales fijos. Por ejemplo, para visibilizar las dinámicas de género en el espacio, hemos realizado mapeos comunitarios de forma diferenciada, entendiendo los patrones de género impregnados en el espacio. En los espacios de desplazamiento de comunidades han sido muy reveladores los mapeos realizados por mujeres, sus experiencias violentas, la crisis de reproducción de la vida y cómo ellas están pensando la reconstrucción de la vida cotidiana. En el caso de la Cordillera del Cóndor, trabajamos los mapeos colectivos para prefigurar el espacio en distintos escenarios y entender cómo las mujeres debieron asumir la responsabilidad de iniciar el retorno después del desalojo de la comunidad de Tsumtsuim en 2016. La reterritorialización de la población Shuar ante el embate minero se visibiliza en los mapas al mostrar su regreso a Tsumtsuim y el re-asumir el uso de sus espacios de vida con el fin de liberarse del miedo provocado por la militarización sucedida (Figura 1). En este retorno, las mujeres indígenas asumen un rol fundamental, y cada vez más visible, al replantearse las actividades económicas, como retomar el cultivo del aja Shuar para alimentos de auto-consumo, [End Page 97]

Figure 2. Agua-territorio: Santa Rosa de los Éperas
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Figure 2.

Agua-territorio: Santa Rosa de los Éperas

re-habitar las viviendas y recuperar los espacios colectivos como la escuela y la casa comunal. La identidad Shuar se potencia en este proceso, en el que las comunidades consideran permanecer en el territorio su principal resistencia y la forma en la que confrontan al poder del capital colonial y discriminatorio.

En el caso del territorio Cinco de JunioWimbí, los mapeos han servido para generar transmisiones de conocimientos intergeneracionales sobre la historia de los despojos del territorio comunal afro. La ancestralidad afroecuatoriana se convierte de esta forma en una de las estrategias para resistir a la idea de territorio con fronteras fijas, definidas por definiciones coloniales de propiedad. La reterritorialización de la población afroecuatoriana ante las agresiones de las palmicultoras se basan en repoblar las fincas y reafirmar sus espacios de cultivo destruidos. Se han generado actividades de mapeo comunitario para fortalecer la organización y poder reclamar el territorio ancestral que está siendo cercado por empresas madereras y palmicultoras. Más aún, la violencia patriarcal ha configurado que el espacio de cotidianidad y seguridad de las mujeres sea el núcleo poblado durante las horas del día en las que los hombres salen a trabajar a las fincas, al convertirse en un espacio mayoritariamente femenino. Estos espacios cotidianos son una fuente de fuertes vínculos entre mujeres para la organización comunitaria, espacios seguros que han sido visibilizados durante los mapeos con el fin de entender la multiplicidad de lugares de encuentro y reproducción de la comunidad.

En esta exploración por metodologías feministas, comenzamos a buscar rupturas con los límites fijos del espacio y el tiempo. Los transectos fluviales en territorio Épera fueron muy reveladores de las formas de habitar los territorios-agua y cómo la crisis de la reproducción de la vida habita también en los desplazamientos fuera del espacio legal de la nacionalidad (Colectivo de Geografía Crítica del Ecuador, 2018). La cartografía de espacios fluidos permite generar metodologías que salen de la elaboración formal de los mapas y muestran los cambios, recorridos y transiciones como acción política para el [End Page 98]

Figure 3. Cuerpoterritorio en la Tola Chica.
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Figure 3.

Cuerpoterritorio en la Tola Chica.

reconocimiento del espacio no fijo (Figura 2). Adicionalmente, para las mujeres Éperas se comprende el cuerpo como una forma de territorialidad a partir de la posibilidad de crear territorio desde una parte del cuerpo, el útero (Zaragocín, 2019). Así, la territorialización es factible desde la multi-escalaridad donde la defensa de su espacio de vida comienza desde la autodeterminación de su reproducción. Los procesos de reterritorialización [End Page 99] se entienden entonces desde la decisión de las mujeres sobre la reproducción de la cultura Épera, definida por la continuación de Éperas cultural y físicamente puros (Zaragocín, 2019).

Otra herramienta importante ha sido el mapeo del cuerpo como territorio para entender perspectivas multiescalares que inician y terminan en los cuerpos (Colectivo Miradas Críticas del Territorio desde el Feminismo, 2017). Por ejemplo, en La Tola Chica, el mapeo del cuerpo como territorio visualizó los anhelos de las mujeres de romper con relaciones patriarcales y paternalistas internas (Figura 3). La consideración de las perspectivas de las mujeres dentro de la comunidad estuvo marcada por el interés existente de robustecer la organización comunitaria y fortalecer el rol de las mujeres en las estructuras políticas de la Tola Chica (Colectivo de Geografía Crítica del Ecuador, 2018). Así, el mapeo sirve también como un instrumento de análisis político para cuestionar relaciones de género y proponer acciones que sientan bases más fuertes en el ejercicio autónomo de la comuna.

La pregunta se vuelca a si estas metodologías han servido a los movimientos socio-territoriales en su proceso continuo de reterritorialización, la disputa por el territorio y en la problematización de sus jerarquías internas. Los ejercicios con las cuatro comunidades, realizados entre el 2016 y 2018, han tenido como objetivo central entender las relaciones internas y externas que confluyen en los espacios de vida y no necesariamente se plantean como acciones determinantes en la disputa territorial. Somos reflexivos sobre las limitaciones de nuestro trabajo en procesos largos y continuados que se construyen desde los propios actores ejercitando su cotidiano espacio de vida. Sin embargo, el hecho de que existan solicitudes de acompañamiento del colectivo muestra el interés de los movimientos socio-territoriales a deconstruir lógicas de dominación. Adicionalmente, junto con los movimientos socio-territoriales hemos elaborado instrumentos cartográficos, diagnósticos comunitarios y peritajes de acción legal que son de utilidad en procesos organizativos y en litigios jurídicos contra las empresas o el estado.

Las estrategias de disputa territorial también van modificándose en un trabajo colectivo multiescalar que incluye a movimientos que habitan los territorios y resisten. Estos movimientos se vinculan con otras organizaciones, colectivos y activistas que promueven la defensa de los territorios. En el caso del territorio Shuar, son las mujeres Shuar quienes se han involucrado de manera específica como mujeres aliadas a organizaciones populares feministas del Ecuador. Estas mujeres Shuar se han articulado a distintas redes nacionales e internacionales de mujeres y derechos humanos y han participado en movilizaciones en Quito, asistido a congresos académicos, y su voz se ha evidenciado en el Tribunal Internacional de Mujeres en Tarapoto-Perú con el fin de denunciar los procesos de desterritorialización. Su potencial como mujeres activas en la disputa territorial ha visibilizado el fundamental papel cohesionador de las mujeres contra el extractivismo.

En la comunidad Cinco de Junio-Wimbí, la dirigencia comunitaria ha conseguido posiciones dentro del aparato representativo [End Page 100] del Estado, existiendo un solapamiento de cuadros entre los dirigentes comunales y los cargos administrativos estatales en el ámbito parroquial, lo cual les permite influir de mejor manera sobre sus condiciones de vida. La lucha por el territorio de los habitantes de Wimbí se ha basado también en su articulación con organizaciones ecologistas de ámbito nacional y con la iglesia católica en la provincia de Esmeraldas. Adicionalmente, las mujeres afro son centrales en la construcción social de la territorialidad, especialmente ante los procesos migratorios a la ciudad. Las mujeres jóvenes que no han migrado están asumiendo de forma creciente roles políticos en la organización, aunque es una arista no exenta de conflicto para fortalecerse organizativamente. El espacio de seguridad relativa generado en la comunidad respecto a los espacios de implementación de la palma africana y la violencia de género muestra un resguardo de este modelo territorial y una defensa comunitaria para las mujeres. En el caso de las mujeres Éperas, los lazos de sororidad generan una respuesta a los retos que la violencia interseccional les supone, generando nuevas formas de resistencia territoriales desde el cuerpo y sus decisiones de reproducción que busca mantener la integridad cultural Épera.

Finalmente, los procesos de reterritorialización de la Tola Chica se han direccionado de manera simbólica, cuestionando el machismo dentro de la comuna, al mismo tiempo de fortalecer las estructuras de gobierno comunitario. Aunque de manera más tímida, la propia comunidad se reterritorializa con el impulso generado por las mujeres, más sensibilizadas hacia la violencia de género. Las propuestas de implementación de un comité de sabias apuntan en esta dirección. De manera material, la Tola Chica se reterritorializa en estos últimos años a partir de nuevas propuestas de proyectos productivos agroforestales y mejorado su infraestructura comunal con la intención de establecer programas de entrenamiento en agroforestería y defender sus competencias frente a las injerencias del municipio. Este proceso también está marcado por el intento de establecer una agenda más allá de los marcos de reconocimiento del Estado.

de la resistencia territorial a la construcción de territorios plurales para la vida

Cuando la presión del capital (extractivismo, agroindustria o expansión urbana) se convierte en el eje económico del espacio habitado, esta jerarquía económica se ante-pone sobre otras formas de relacionamiento social dentro de los territorios, convirtién-dose en una forma de violencia hacia la vida cotidiana. Así, se cuestionan estos proyectos desde la materialización misma de la mejora de la calidad de vida de estas poblaciones. Es decir, las demandas se entienden desde la justicia social y ambiental porque se las conciben no sólo como la posibilidad de acceso a derechos y servicios públicos, sino también desde la definición misma de desarrollo, el control territorial, el reconocimiento de sus relaciones particulares con la naturaleza, el fomento de un espacio sano sin contaminación y el mantenimiento de las [End Page 101] economías locales como pilares de una otra economía. Así se plantea que el extractivismo no resuelve estas demandas de justicia, sino que las debilita porque no se proyectan en la agenda de desarrollo planteada por el estado.

Una de las mayores lecciones al acompañar a movimientos socio-territoriales en sus procesos de reterritorialización es que el trabajo de acción militante no puede ayudar a construir territorios plurales de justicia si no se reconocen, cuestionan y confrontan las estructuras de dominación del capital, de género, de raza y colonial que se encuentran amalgamadas en la lucha interseccional y multiescalar por los cuerpos-territorios-territorialidades. En ese sentido, planteamos que las formas emergentes de resistencia territorial tienen el potencial de ser construidas desde una nueva posición ontológica, que reconozca las diferencias como formas de pluralidad encarnadas en la territorialidad de los grupos que habitan los espacios de vida (Escobar, 2008). Es decir, las luchas territoriales no se sitúan más como demandas anti-extractivas exclusivamente, sino que están planteadas por la defensa de la vida y los territorios en todos sus contextos.

En los cuatro casos analizados, vemos procesos de reterritorialización plural que, aunque en diferente grado, se ejercen desde la resistencia interseccional y multiescalar, que comienza desde lo íntimo y lo cotidiano y que llega a cuestionar el ejercicio territorial del poder del capital global. Para potenciarla, el cuerpo-territorio se constituye como espacio de primera lucha, donde ni los cuerpos, ni otras escalas territoriales son espacios de conquista y donde los territorios plurales son cambiantes y en constante construcción, priorizando las representaciones simbólicas y materiales desde el territorio.

Desde esta posición, las mujeres como actores políticos juegan un rol fundamental en espacios de acción. Esto se debe a que las demandas por la autodeterminación son centrales a las demandas feministas. Estas demandas empiezan desde los cuerpos y se extienden a las decisiones de construir sus propias formas de vida, en condiciones de justicia y que garanticen el bienestar de los habitantes de sus territorios. La demanda feminista también se une al planteamiento descolonial y anti-racista en la lucha de los pueblos indígenas, afroecuatorianos y montubios por sus derechos colectivos y consuetudinarios de autonomía y su capacidad, como actores políticos, de decidir sobre sus territorios desde procesos de autodeterminación. Es decir, los territorios plurales se reterritorializan en el espacio a partir del ejercicio de la pluriterritorialidad, donde las comunidades, pueblos y nacionalidades se producen y reproducen autónomamente en estos espacios de vida (Bonilla et al., 2016; Correia, 2020).

Los movimientos socio-territoriales se encuentran en proceso de re-significar material y simbólicamente los territorios, enfatizando la lucha por la vida y sus derechos a decidir, creando a la vez nuevas formas imaginativas de resistencia lideradas principalmente por mujeres. Así, los territorios plurales se construyen como espacios en disputa que se fortalecen desde la cotidianidad y que brindan la posibilidad de reconfigurar nuevas y distintas relaciones sociales, más justas, anti-patriarcales, anti-capitalistas, anti-racistas, descoloniales y ecologistas. [End Page 102] Más aún, debido a que los patrones patriarcales se reproducen incluso dentro de los movimientos socio-territoriales, las nuevas formas de resistencia propuestas desde el feminismo luchan por la capacidad de decisión de las mujeres sobre sus varios territorios que existen en un mismo espacio y hacia nuevas relaciones de género que cuestionan la heteronormatividad. Esta discusión es vital porque los espacios de cuidado y de seguridad para las mujeres y otros cuerpos disidentes también se han convertido en espacios de resistencia y de solidaridad en las diferentes causas emprendidas, debido a que lo que afecta a los cuerpos, es parte de las violencias a los territorios.

Vemos que las crecientes movilizaciones, a lo largo del continente, de mujeres indígenas contra el extractivismo también se debe a los esfuerzos por generar rupturas con alianzas patriarcales de dirigencias comunitarias a través de la interlocución directa desde sus propias luchas. En Ecuador específicamente, se han configurado distintas articulaciones de mujeres como la Marcha de Mujeres Amazónicas, Saramanta Warmikuna y el Cabildo de Mujeres del Azuay. Las mujeres se levantan para posicionarse, de manera efectiva, como agentes políticos con gran capacidad de movilización y con agenda propia para demandar al estado el respeto de sus derechos.

Así, planteamos que los imaginarios simbólicos de espacios particulares y sus relaciones materiales con prácticas corporales son reproducidos en las actividades cotidianas (Valentine, 2007; Nightingale, 2011). Es decir, la construcción de territorios plurales se entiende desde el posicionamiento de la heterogeneidad social co-producida mediante la espacialidad heterogénea (Radcliffe, 2015; Silva, Ornat, & Mason-Deese, 2020). Este análisis también muestra que la defensa de los territorios plurales, y la teoría encarnada como praxis de vida, entiende al territorio desde los cuerpos, posicionando el cuerpo-territorio-territorialidad como el sitio inicial de resistencias feministas (Zaragocín et al., 2018; Moreano & Vela-Almeida, 2020). Es desde este marco teórico que se relaciona con la praxis política cotidiana basada en cuatro experiencias situadas, que proponemos una geografía feminista latinoamericana que logre plantear la des/reterritorialización en clave interseccional y multiescalar.

conclusiones

Como Colectivo de Geografía Crítica del Ecuador hemos acompañado a los movimientos socio-territoriales en los procesos de des/reterritorialización a través de metodologías de investigación-acción basados en la cartografía social que han ayudado en el proceso de deconstrucción de patrones de dominación existentes. A través del análisis de cuatro casos de estudio, este artículo procuró extender las conceptualizaciones sobre las nuevas formas de resistencia de los movimientos socio-territoriales. Como tal, pretendemos ir más allá de la comprensión de la contestación directa contra el capitalismo generalmente planteado por los estudios de desarrollo, y mostrar, desde la literatura feminista, cómo estos movimientos tienen el potencial de promover nuevas formas de organización política y praxis cotidiana, como procesos interseccionales y multiescalares de organización [End Page 103] colectiva para la construcción de territorios plurales anti-patriarcales, anti-capitalistas, anti-racistas, descoloniales y ecologistas. Este análisis busca proporcionar consideraciones que aporten a la construcción de territorios plurales, donde las comunidades, pueblos y nacionalidades, y de manera particular, las mujeres puedan ejercer autodeterminación en sus cuerpos-territorios de vida. Para continuar avanzando, estas consideraciones necesitan profundizar en la necesidad de romper con divisiones heteronormativas y fronteras fijas sobre los territorios plurales, cuyo reto teórico y metodológico asumimos con el fin de aportar de manera efectiva a la búsqueda de nuevas formas de relacionamiento colectivo desde los movimientos socio-territoriales.

Diana Vela-Almeida
Colectivo de Geografía Crítica del Ecuador y Norwegian University of Science and Technology
Sofía Zaragocín
Colectivo de Geografía Crítica del Ecuador y Universidad San Francisco de Quito
Manuel Bayón
Colectivo de Geografía Crítica del Ecuador y Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales – Ecuador
Iñigo Arrazola
Colectivo de Geografía Crítica del Ecuador y Universidad Federal de Bahía

agradecimientos

Estamos agradecidas con las cuatro comunidades parte de este estudio, particularmente las mujeres, que nos han inspirado a pensar los movimientos socio-territoriales desde una nueva perspectiva feminista. Cualquier error es nuestra responsabilidad.

notes

1. Una traducción al inglés de este artículo aparece en esta misma edición, vol. 19, no. 2, pp. 265–287.

2. Este artículo es conocimiento del Colectivo de Geografía Crítica del Ecuador, que integra a más personas de las que firmamos este artículo, en interacción con otras organizaciones y luchas por los territorios. Se ha dado en multitud de conversaciones, en mapeos colectivos, en viajes, en reuniones, desde 2012, vinculándose además con nuestras tesis o trabajos profesionales.

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Additional Information

ISSN
1548-5811
Print ISSN
1545-2476
Pages
87-109
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2020-03-28
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