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  • Una ruptura en la fundación nacional(ista):triángulos amorosos disgénicos en Margarita de niebla de Jaime Torres Bodet y El réferi cuenta nueve de Diego Cañedo

Las novelas Margarita de niebla (1927) de Jaime Torres Bodet y El réferi cuenta nueve (1943) de Diego Cañedo tienen protagonistas varones mestizos/criollos de clase alta. Éstos se encuentran en triángulos amorosos que los fuerzan a escoger entre una mujer mestiza y mexicana, por un lado, y una mujer blanca y alemana, por otro. En ambos casos, los hombres optan por la extranjera, pero se arrepienten poco después cuando ven que no son compatibles. Este ensayo categoriza ambas novelas como ficciones fundacionales fallidas. Doris Sommer acuñó el término "ficciones fundacionales" al analizar literatura que imaginaba una reconciliación nacional a través del romance y matrimonio heterosexual entre personas de sectores distintos de la sociedad. Las novelas que analizamos a continuación hacen lo opuesto, pues interpretan el romance entre hombres mexicanos de la élite y mujeres extranjeras como una afrenta a los intentos del Estado posrevolucionario por construir una nación a través del proyecto oficial de mestizaje. Tanto Torres Bodet como Cañedo pintan a los hombres que evitan el matrimonio interracial como obstáculos a la institucionalización de una comunión nacionalista.

The novels Margarita de niebla (Jaime Torres Bodet 1927) and El réferi cuenta nueve (Diego Cañedo 1943) follow the lives of well-to-do mestizo/ criollo Mexican males who find themselves in love triangles that force them to choose between a Mexican mestiza or a white, German woman. In both cases, the men opt for the foreigner, but they soon regret their decisions when they realize that they are incompatible with their mates. For this reason, I view these novels as failed foundational fictions. Doris Sommer coined the term "foundational fictions" while analyzing literature that imagined a national reconciliation through heterosexual romance and marriage between people from different sectors of society. These novels do the opposite because they view romances between Mexican elites and foreign Others as antithetical to the nation-building project of official mestizaje. As such, both Torres Bodet and Cañedo depict those men who eschew interracial marriage as a hindrance to the institutionalization of a nationalist communion.

Palabras clave

ciencia ficción mexicana, Contempoŕaneos, Diego Cañedo, ficciones fundacionales, Jaime Torres Bodet, mestizaje, nazismo en literatura, vanguardismo

Keywords

avant garde, Contemporáneos, Diego Cañedo, foundational fictions, Jaime Torres Bodet, mestizaje, Mexican science fiction, Nazism in literature

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En uno de los últimos episodios de la novela Margarita de niebla (1927), de Jaime Torres Bodet, el protagonista Carlos Borja se acuesta con Margarita Millers, su nueva esposa, en su noche de bodas. En vez de consumar su relación con su novia alemana, el profesor criollo simplemente la observa dormir y lamenta no haberse casado con Paloma, una amiga mestiza de la pareja. Algo parecido sucede en la novela especulativa El réferi cuenta nueve (1943), de Diego Cañedo, en la que un personaje criollo, Patricio Guerrero Arriaga, perjudica su matrimonio con su esposa mestiza al tener una aventura amorosa con una alemana nazi. Estos relatos invitan a una reevaluación de la manera en que los artistas e intelectuales mexicanos concibieron el mestizaje en las décadas posteriores a la Revolución. A continuación, analizaremos ambos tríangulos amorosos dentro del marco teórico de las "ficciones fundacionales" de Doris Sommer (2004), quien arguye que las relaciones románticas heterosexuales en la literatura latinoamericana –sobre todo la de la época republicana del siglo xix hasta la primera mitad del siglo xx –sirven como alegoŕıas de reconciliación nacional (20–21). Uno de los aspectos más problemáticos de ambas novelas es que las relaciones sexuales entre hombres criollos y mujeres blancas (particularmente alemanas) frustran la comunión nacional(ista) que el mestizaje debeŕıa producir. Al tener relaciones románticas con mujeres europeas, estos protagonistas criollos se niegan a formar parte de la nación mestiza y pierden su posición privilegiada en la sociedad posrevolucionaria.

La yuxtaposición de estas novelas puede resultarnos sorprendente, ya que representan dos movimientos literarios antagónicos de la época posrevolucionaria. Escrita por Diego Cañedo –seudónimo del celebrado arquitecto Guillermo Zárraga–El réferi combina la ciencia y el referente poĺıtico para narrar una historia de alta calidad [End Page 383] (Trujillo Muñoz 2000, 81–83); el propio Alfonso Reyes celebró su estilo costumbrista bien logrado (1945, 338), el cual la aliaba con otros textos nacionalistas posrevolucionarios. Por su parte, Torres Bodet pertenećıa a los Contempoŕaneos, un movimiento literario vanguardista que se resistía, según Fernando Fabio Sánchez, al "regionalismo, costumbrismo, naturalismo y folclorismo mexicanos que śı recogeŕıa la Novela de la Revolución" (2007, 13). Rubén Gallo respalda tal aseveración cuando sostiene que Torres Bodet invocaba la tecnología para escribir novelas antirrevolucionarias que evitaran temas nacionalistas (2006, 182; véase también Bustos Fernández 1995, 18). Ahora bien, estudios recientes cuestionan la división entre la tecnofilia y el nacionalismo, pues el Estado posrevolucionario quiso impulsar un orden mestizo y nacionalista a través del avance tecnológico (Dalton 2018, 5).1 Consideradas desde este ángulo, nos parece natural que ambas novelas traten el mestizaje y el avance tecnológico de maneras favorables a pesar de formar parte de dos movimientos a veces contradictorios. El tema de los triángulos amorosos interraciales subraya la búsqueda de una nación netamente mestiza y resalta el hecho de que las cuestiones de eugenesia, modernidad y mestizaje aparećıan en muchos sectores de las letras mexicanas. Esta observación valida la aserción de Agustín Basave Beńıtez según la cual "pensadores de las más diśımiles tendencias coinciden –y en algunos casos es de hecho su único común denominador–en la mestizofilia" (1992, 141). La yuxtaposición de estos textos nos permite indagar cómo se integraron los discursos favorables al mestizaje y la tecnología en diferentes movimientos y épocas posrevolucionarios durante la primera mitad del siglo xx.

Además de "un mito [ . . . ] sobre el hombre inmerso en el torbellino histórico desencadenado por la Revolución" (Bartra 2007), el mestizaje oficial constitúıa una estrategia de modernización cuya meta principal era la asimilación de los indígenas al Estado capitalista (Lund 2012, xv; véase también Gamio 1916, 31–37). No obstante, los proyectos oficiales de nación evolucionaron durante los casi veinte años que separan la publicación de las dos novelas que nos ocupan. Durante los años veinte, el régimen posrevolucionario se dedicó a la consolidación del poder (Bruno-Jofré y Martínez Valle 2009, 47–49). En los cuarenta, en cambio, el gobierno federal se enfocó en la institucionalización de la revolución y la liberalización de la economía (Agustín 2013, 25). La yuxtaposición de ambas novelas, [End Page 384] pertenecientes a épocas tan distintas, demuestra cómo la comunidad intelectual exaltó el mestizaje tanto en lo estético como en lo pragmático durante las distintas etapas de la época posrevolucionaria (Dalton 2018, 11–13). Ciertamente, tanto Torres Bodet como Cañedo ocuparon un lugar en la poĺıtica contempoŕanea. Por ejemplo, Jośe Vasconcelos –el famoso Secretario de Educación Pública y autor de La raza cósmica (1925)–nombró a Torres Bodet como su secretario personal en 1921.2 Aśı que Torres Bodet seguramente conoćıa bien el discurso mestizófilo cuando compuso Margarita de niebla, ya que trabajaba dentro de la propia Secretaŕıa que se dedicaba a promover de forma más directa tal imaginario entre los pueblos indígenas (Jiménez Naranjo 2011, 5–7). Źarraga –verdadero apellido de Cañedo–también gozaba de estrechas relaciones con el poder poĺıtico, pues mantuvo una amistad con el presidente Plutarco Eĺıas Calles (1924–1928), uno de los hombres más influyentes de la temprana poĺıtica posrevolucionaria y rival personal de Vasconcelos.3 Aśı, aun cuando se aliaron con bandos opuestos de la poĺıtica nacional, ambos intelectuales promovieron la hibridación racial y otros aspectos de la poĺıtica posrevolucionaria según las prioridades del gobierno en turno.

Además de tratar el mestizaje, los tríangulos amorosos de estas novelas aluden a los cambios en la poĺıtica exterior del páıs, sobre todo en lo tocante a la relación de México con Alemania. Justin Castro indica que los gobiernos y los ciudadanos de México y Alemania cooperaron mucho entre śı durante las primeras tres décadas del siglo xx (2016, 86–130).4 No obstante, la administración de Manuel Ávila Camacho se distanció de los regímenes fascistas europeos en la década de 1940 y se alió con Estados Unidos (Agustín Śanchez 2013, 28). En consecuencia, la relación entre Alemania y México en Margarita de niebla es distinta a la que vemos en El réferi, aunque ambos casos exhiben cierta desconfianza hacia personas y páıses extranjeros. Aśı pues, estas novelas reflejan el momento histórico posrevolucionario en el que, según Jürgen Buchenau (2014, 72–73, 79), se destapó tanto la xenofobia popular como el nacionalismo económico de la élite después de un siglo xix durante el cual los [End Page 385] gobiernos habían apoyado la inmigración europea para atraer inversión extranjera. Cuando la Revolución tocó a su fin, "cultural elites conceived of their nation as the heir of the Aztecs rather than a melting pot in which immigrants played a prominent role" (82). Esta aversión a lo extranjero se manifestó más expĺıcitamente en el artículo 33 de la Constitución de 1917, el cual "[concede] al titular del Poder Ejecutivo la facultad para expulsar, sin necesidad de juicio previo, a cualquier extranjero cuya presencia sea juzgada como inconveniente" (Yankelevich 2004, 694), una provisión que el Estado aplicó desproporcionadamente entre las poblaciones de migrantes europeos (730).

En Margarita de niebla, los Millers representan a aquellos alemanes que, a pesar de sus contribuciones al desarrollo económico nacional, no cuadran en los discursos nacionalistas, ya que no son ni mestizos ni hispanos. En El réferi, la ocupación alemana representa una amenaza directa a la soberańıa nacional. Como dejan ver ambas novelas, además de una estrategia de modernización, el mestizaje oficial también era un discurso nacionalista que validaba la composición racial mixta en México y América Latina. Los funcionarios del Estado pretendían modernizar al páıs siguiendo un patrón europeo, pero el protagonista de dicha modernización seŕıa el "mestizo moreno" y no el mestizo blanco ni el europeo (López-Beltŕan y Garćıa Deister 2013). Además de promover proyectos de "desindianización" (Bonfil Batalla 2005, 41–42), el Estado impulsó proyectos de mestizaje oficial para forjar una nueva identidad mexicana que, por una parte, llevase una genética tanto europea como indígena y que, por otra, gozara de una modernidad occidental. Basave Beńıtez arguye que esto produjo una especie de mestizofilia de acuerdo con la cual "el mestizo ha estado siempre destinado a detentar poder" (1992, 66; véase también Vasconcelos 1925, 18–29). Vasconcelos reafirmó tal sentimiento en La raza cósmica, donde sostiene que el momento del mestizo llegaŕıa una vez que éste adquiriera el conocimiento y la genética del blanco (1925, 18–20). Por lo mismo, Vasconcelos comienza su ensayo aseverando que "las circunstancias actuales favorecen [ . . . ] el desarrollo de las relaciones sexuales interraciales" (xv). Tal aserción imbúıa al mestizaje con un valor estético que iba más alĺa de los argumentos utilitarios.

Los tríangulos amorosos de las novelas que analizamos aqúı interrogan este aspecto menos estudiado de los discursos oficiales posrevolucionarios, pues las relaciones intraraciales fallidas en ambas obras representan una inversión de las "ficciones fundacionales" conceptualizadas por Sommer. Según esta autora, "la relación retórica entre la pasión heterosexual y los Estados hegemónicos [End Page 386] funciona como una mutua alegoŕıa, como si cada discurso estuviera arraigado en la supuesta estabilidad del otro" (2004, 48). Ahora bien, Erin Graff Zivin argumenta que los marcos teóricos que emplea Sommer –tanto en Ficciones fundacionales como en otras publicaciones–suelen retratar al Otro de manera exótica (2018, 68–70). Tal cŕıtica es especialmente pertinente en el caso de estas novelas, ya que los autores definen a las pretendientes mestizas en términos exóticos que enfatizan su etnicidad y eliden su individualidad. Lejos de ser buenas parejas por complementar a sus respectivos compañeros, los autores las retratan como parejas idóneas baśandose sobre todo en discursos eugenistas que resaltan la raza. Es más: ambas novelas teorizan las relaciones entre personas de ascendencia europea en términos disgénicos. Claudio Lomnitz afirma que los matrimonios de hombres mexicanos ricos (generalmente criollos y blancos) con mujeres blancas y extranjeras "no constituyen simplemente actos de blanquearse, puesto que en tal caso seŕıa lo mismo casar un hombre blanco con una mestiza: en realidad, pueden interpretarse como actos de apropiación nacional del más preciado producto europeo" (1995, 357, énfasis en el original). Sin embargo, nuestra lectura desafía tal aserción, pues ambos autores presentan cŕıticamente a sus protagonistas por rechazar la eugenesia nacional al emparejarse con mujeres europeas.

Ciertamente, estas novelas entablan un díalogo interesante con la eugenesia lamarckiana que se practicó en México –y en toda América Latina–durante la primera mitad del siglo xx. A diferencia del mendelianismo –el cual aseveraba que una persona heredaba su genoma completo al nacer–el lamarckismo supońıa que una persona podía enmendar su información genética a través de cambios físicos –los cuales podŕıan ser producto de la higiene y la educación (Stepan 1991, 22-32)–que se aplicaŕıan sobre el cuerpo (Chevalier de Lamarck 2009). Puesto que las sociedades humanas adoptan paradigmas científicos que hacen eco de sus ideologías sociales (Kuhn 1986, 387),5 podemos afirmar que los intelectuales mexicanos adoptaron el lamarckismo porque la eugenesia mendeliana marcaba a sus poblaciones mixtas e indígenas –es decir, a la mayoŕıa del páıs (Pla Brugat 2011)–como irredimiblemente disgénicas.6 Como he [End Page 387] señalado anteriormente, "the adoption of Lamarckism in Mexico [ . . . ] suggested that state officials could transform Amerindians into mestizos by physically altering their bodies and transforming them into eugenic specimens" (2018, 14). Tanto Torres Bodet como Cañedo documentan los intentos de hibridar a la población; no obstante, en vez de tratar sobre el pueblo amerindio, sus novelas se enfocan en la población criolla (y sobre todo en los hombres criollos). Aunque los procesos de hibridación retratados en sus novelas carecen del rigor científico de la eugenesia lamarckiana que se practicó entre los pueblos indígenas, hacen eco de la idea de modificar la propia identidad racial a través de cambios físicos sobre el cuerpo. Aśı que, además de asegurar una progenie eugenésica, mixta y mestiza, el romance interracial en estas novelas convierte a ambos miembros de la pareja en sujetos mestizos. El hombre criollo se aproxima al orden mestizo al afiliarse con una mujer de ascendencia indígena, mientras que su novia se asimila a Europa a través de él. La reconciliación alegórica (y genética) de las ficciones fundacionales no sólo alude al potencial reproductivo de las parejas, como indica Sommer, sino que también hibrida a los mismos progenitores en la medida en que los aĺıa con el Estado mestizo. A continuación, analizaremos El réferi cuenta nueve, la novela en la que el discurso nacionalista es especialmente evidente por poner en tela de juicio las eugenesias alemana y mexicana.

El réferi cuenta nueve: dos eugenesias incompatibles

El réferi, una novela más "antinazi" que "proamerican[a]" (Ramírez Pimienta 2006, 67; véase también Ferńandez Delgado 2004, 46), se centra en los Guerrero Arriaga, una familia criolla de clase media en los años cuarenta. El padre, Rodrigo, expresa que México nunca podŕa tener una relación benéfica con su vecino del norte, mientras que su hijo mayor, Remigio, asegura que Alemania representa una amenaza aún más aterradora. En el transcurso de la novela, Remigio se exilia a Estados Unidos, pero regresa más tarde para liberar a su patria. Después de derrotar a la ocupación alemana en México, los estadounidenses le piden perdón al pueblo mexicano y reconocen los agravios que han cometido históricamente. Una trama periférica narra la historia de Patricio, el hijo menor de Rodrigo, quien se encarga de los boy-scouts, un grupo de jóvenes que acaba por convertirse en las Juventudes Hitlerianas de México. Patricio termina ocupando un cargo prominente en el gobierno pelele (139). No obstante, los funcionarios del nuevo gobierno expresan inquietud por su matrimonio con Eligia, una mujer mestiza de su pueblo, y por [End Page 388] eso contratan a Elsa, una agente aria cuya misión es separarlo de ella. A pesar de que la historia de Patricio abarca tan sólo tres capítulos, es aqúı donde mejor se articula la idea de que la eugenesia mexicana y la alemana son incompatibles.

Según Gabriel Trujillo Muñoz, es probable que Cañedo haya escrito esta "valiente" novela a finales de la década de 1930 con el fin de convencer a sus compatriotas de declarar su apoyo a los Aliados (2001, 17). Lejos de tratarse de una mera estrategia literaria para darle un sabor distópico a su novela (Manickam 2014, 138 n. 3), el recurso a los nazis en la obra fue una decisión basada en la poĺıtica contempoŕanea. La postura antinazi no era universal cuando Cañedo escribió. Como indica Mónica Uribe (2008, 43), la Unión Nacional Sinarquista –establecida en México en 1937 con apoyo financiero tanto de España como de Alemania–apoyaba tanto a Francisco Franco como a Adolph Hitler. Esta Unión nunca ejerció el poder, pero contó con el apoyo de tantos mexicanos que Cañedo sintió la necesidad de rebatir esta corriente poĺıtica en su narrativa (Ordiz 2016, 8; Ramírez Pimienta 2006, 65; Reyes 1945, 3). No obstante, el texto se volvió anacrónico antes de salir a la luz, pues México ya se había aliado con Estados Unidos cuando por fin se publicó. Aśı, aunque la mayoŕıa de la cŕıtica se limita a señalar a Cañedo como una figura temprana de la ciencia ficción en México (Barajas-Garrido 2010, 55; Larson 1977, 53–54; Manickam 2012, 96 n. 4; Molina Gaviĺan et al. 2007, 372–73; Ordiz 2014, 164–65, 173–74), podemos ver que su narrativa era profundamente poĺıtica. Por lo tanto, además de celebrar la gran calidad de la novela, como hicieron los cŕıticos de la época (Martínez 1947, 272–73; Reyes 1945, 338), a nosotros nos toca indagar cómo su obra hizo eco de la poĺıtica nacional mexicana de los años cuarenta.

Empezaremos por señalar varios paralelismos discursivos entre la narrativa de Cañedo y la arquitectura que hizo bajo su nombre legal, Guillermo Źarraga. Aunque Ana Fernanda Canales Gonźalez tiene algo de razón cuando dice que El réferi "nada [tiene] que ver con la arquitectura" (2013, 258), debemos reconocer que tanto la arquitectura como la literatura de Źarraga/Cañedo comunicaban un discurso poĺıtico y mestizófilo.7 Los regímenes de la época habían decidido que la cultura seŕıa el medio para inculcar los valores posrevolucionarios entre la población (Díaz Arciniega 2010, 148–50). Zárraga fue uno de muchos productores culturales que gozaron de estrechas relaciones con el poder poĺıtico en los años [End Page 389] posrevolucionarios. Acompañó, por ejemplo, a Plutarco Eĺıas Calles a Francia en octubre de 1924, durante una gira por Europa en la que éste celebró su victoria presidencial (Valenzuela 1994, 196). A diferencia de otros aliados –como Manuel Gamio–que luego criticaŕıan a Calles (Gonźalez Gamio 2003, 100–106),8 Źarraga parece haber mantenido la confianza del presidente. Como observa Natalia de la Rosa (2010), éste diseñó las Escuelas Centrales Agŕıcolas en 1926, cuyo objetivo era modernizar a los pueblos rurales e indígenas brindándoles educación sobre la ciencia de la agricultura moderna. Tal como los muralistas en el campo de la cultura visual, Źarraga añoraba una arquitectura netamente mexicana que proclamara la naturaleza mestiza de la nación (Canales González 2013, 50–53).9 Además de tener una postura poĺıtica en su arquitectura y literatura, Zárraga también participó en los procesos electorales. En 1925 parece haber fungido como presidente del partido Ćıvico Progresista (Gregor Campuzano 2011, 170).

Ciertamente, el contexto de 1943 difiere mucho del de los veinte, cuando Źarraga parece haber estado más activo en la arquitectura. Sin embargo, la actividad pública de Źarraga nos invita a acercarnos a sus novelas desde una perspectiva poĺıtica. La cuestión indígena sigue vigente en El réferi, pero el enfoque principal ahora son las relaciones internacionales, sobre todo la posición mexicana durante la Segunda Guerra Mundial (Agustín Śanchez 2013, 27–38). No debe extrañarnos que Patricio –el único personaje principal que cede al nazismo–también rechace la eugenesia posrevolucionaria mexicana y opte por una mujer alemana en lugar de su esposa mestiza, ya que él nos presenta un perfil del mexicano susceptible a la propaganda nazi. Patricio acepta el régimen alemán no por maldad, sino por una falta de intelectualidad y por sus ideas simplistas en torno a la mexicanidad. Cañedo se encarga de recalcar que, de niño, Patricio "era menos despierto [que Remigio] y las nociones penetraban con más dificultad en aquella cabecita dura" (1943, 52). Esta falta de inteligencia natural lo persigue hasta la universidad (142), donde aprende no por habilidad, sino por un esfuerzo casi obsesivo. En vez de pensar cŕıticamente, Patricio complace a la autoridad al aprender y reproducir los códigos [End Page 390] impuestos por ésta. En su novela, Cañedo se encarga de mostrar que los simpatizantes de los nazis tampoco piensan cŕıtica ni libremente. Tal como explica un oficial alemán, "un buen nazi" no analiza los decretos de la autoridad (349). Patricio también se encarga de los boy-scouts sin pensar en los posibles efectos del adoctrinamiento. Como narra Cañedo, "Patricio se sentía en su elemento cuando con sus compañeros acampaba, dormía bajo el cielo y almorzaba con ellos a la sombra de los árboles. Escuchaba con devoción las lecturas colectivas y se sabía de memoria las reglas que había que respetar" (144, énfasis mío). De esta manera, podemos ver que el menor de los Guerrero Arriaga le tiene afecto al autoritarismo desde antes de la ocupación. Mientras que sus familiares –incluso los más antiyanqui–terminan declaŕandose en contra de la ocupación alemana, Patricio sigue fiel a la dictadura.

La perdición de Patricio se articula más expĺıcitamente en el tríangulo amoroso que lleva con Eligia y Elsa. Estas mujeres representan los ideales eugenistas de sus respectivos páıses: Elsa es aria, mientras que Eligia se ha asimilado al estado mestizo a través de la educación. En su niñez, Patricio y sus amigos "la haćıan llorar [a Eligia] a menudo porque era prietita y los demás se burlaban de su color. Al crecer sus facciones se afinaron, su piel se aclaró y con sus ojos y cabellos negros era un tipo de mestiza" (144). Esta breve narración indica que Eligia se ha asimilado físicamente al orden mestizo al recibir una educación. No es de sorprender, pues muchos pensadores de la época afines al Estado segúıan a Alfonso Caso, quien señalaba "un importante y preponderante conjunto de caracteres físicos no europeos" y una noción de "cultura" como algunos indicadores clave que separaban lo indígena de lo mestizo (1948, 245, énfasis en el original). La aserción de que Eligia se ha hecho mestiza "al crecer" sugiere que antes era indígena. De esta forma, el narrador alude a la manera en que los proyectos estatales transformaban a los indígenas en sujetos mestizos y modernos. Pedro Ángel Palou señala la importancia de este concepto en el imaginario eugenista posrevolucionario: "al convertirlo [al indígena] en mestizo se le borraŕıa lo indio; al hacerlo habitante de la ciudad moderna se le sacaŕıa del atraso" (2014, 14, énfasis en original; véase también Janzen 2015, 91). Palou alude además al hecho de que la verdadera transición al orden mestizo conllevaba un elemento socioeconómico, pues lo que más le interesaba al Estado no era la pureza de sangre, sino el potencial económico del proletariado incipiente. Cañedo simboliza el cambio de Eligia en términos fenotípicos al enfatizar el emblanquecimiento de su tez; no obstante, el autor también demuestra cómo otros cambios –sobre todo los del ámbito educativo–trascienden [End Page 391] su cambio fenotípico y la señalan como mestiza moderna y posrevolucionaria.

La yuxtaposición de la transformación de Eligia con el tradicionalismo de Patricio apunta hacia ciertos elementos del pensamiento de éste que van en contra de los valores expĺıcitos del Estado posrevolucionario. Resulta significativo que en la novela Eligia logre su transformación aprovechando las nuevas escuelas que enseñan enfermeŕıa e inglés, pues según el Estado mexicano la educación modernizaŕıa a la población (Dalton 2018, 16). Por eso es especialmente importante notar que Eligia no alcanza su potencial académico por culpa de su propio pueblo y, sobre todo, de su esposo. Cuando empieza a salir con Patricio, muchos residentes del pueblo murmuran entre śı: "este muchacho le quitaŕa de la cabeza el inglés y la medicina" (Cañedo 1943, 146), lo cual sugiere que muchas personas –sobre todo de las clases medias–todavía no aceptaban los ideales del Estado mestizo en los años cuarenta. Eligia piensa que su novio la apoya porque éste la ayuda con sus tareas (145), pero el narrador desmiente tales ilusiones cuando explica que "estas reflexiones eran el fruto de una ingenua pedanteŕıa" (145). A fin de cuentas, Patricio la ayuda como pretexto para pasar tiempo con ella. Nunca la respeta intelectualmente, una y otra vez se refiere a ella como "hijita" e intenta imponerle su forma de ver el mundo (145). Es más, Eligia deja de estudiar después de casarse y opta por una vida tradicional debido a que Patricio no quiere que trabaje. Al frustrar la educación y la formación socioeconómica de su esposa mestiza, Patricio exhibe su oposición a los valores del Estado mestizo.

En una ficción fundacional tradicional, la relación romántica entre Patricio y Eligia mediaŕıa las ideas más extremas de ambas posturas, y Patricio terminaŕıa moderando su machismo frente a las virtudes de su esposa. Sin embargo, el proyecto de esta novela difiere de los que Sommer documenta: en vez de reconciliar las tensiones entre indígenas y criollos en el México posrevolucionario, el matrimonio de Patricio y Eligia termina más bien como una imposición de la ideología del marido. Éste no sólo frustra el progreso personal de su esposa, sino que alegóricamente impide el desarrollo nacional según los lineamientos oficiales posrevolucionarios. Y no sólo eso, al presionar a su esposa a abandonar sus estudios, también frustra su propio progreso. Aśı como Patricio impide el desarrollo académico y profesional de Eligia –y por extensión, el de la nación–, ésta dificulta el progreso profesional de su marido en el nuevo gobierno. Por ejemplo, Eligia se niega a mudarse al Distrito Federal cuando el gobierno nombra a Patricio como ĺıder de las Juventudes Hitlerianas de México, [End Page 392] porque ella está contenta en San Miguel (167). La decisión de quedarse en San Miguel valida la ascendencia mixta y la nacionalidad mexicana de Eligia, porque de esta manera ella se resiste a las demandas del gobierno injusto. El matrimonio entre Patricio y Eligia, ya disgénico y problemático según los paradigmas nazis, presenta ahora desafíos pragmáticos, pues además de reproducir hijos mezclados, también obstaculiza el trabajo de Patricio.

Nunca leemos sobre el momento en que Patricio lleva a su esposa a la ciudad de México, pero śı sabemos que su matrimonio se vuelve infeliz como resultado de ello. El vínculo matrimonial se disuelve en parte porque el oficial nazi encargado de la ocupación, Von Verchow, le asigna a Elsa –una mujer muy guapa según la estética aria–como maestra de alemán. El régimen tiene mucho éxito en sus esfuerzos de adoctrinarlo. Dado que Patricio siempre ha absorbido las enseñanzas de la autoridad sin ponerlas en cuestión, no tarda en aceptar la ideología de la pureza de sangre, aunque ésta vaya en contra del ideario mestizo. Aun cuando reconoce que los oficiales alemanes lo menosprecian por carecer de una supuesta "fuerza oculta de la sangre [aria]", Patricio se acepta a śı mismo como parte de la "casta superior" en México (171). Esta sección de la novela es fascinante porque, aunque prefigura la cáıda de Patricio, el personaje no se da cuenta de que su fidelidad al arianismo lo destruiŕa. Antes bien, internaliza las doctrinas eugenistas nazis porque se las impone la autoridad. En sentido estricto, aunque ni Eligia ni su hijo son blancos, nunca considera cómo la ideología del Tercer Reich afectaŕa a su familia.

Patricio por fin empieza a cuestionar la validez del arianismo cuando Elsa lo seduce. Como nos indica el narrador: "Le sorprendía esa mujer que se entregaba sin decirle 'te quiero', que le haćıa besar todo su cuerpo al mismo tiempo que bromeaba diciéndole que esa era carne blanca sin contaminaciones; que aludía veladamente a la sangre india de Eligia y que, risueña, lo invitaba a que hiciesen un hijo [blanco] para el Führer" (340). Su "amante aria" alude expĺıcitamente a la eugenesia alemana en este pasaje, pues reconoce la blancura de Patricio y lo invita a fundirse con una mujer también blanca para tener un hijo eugenésico según los paradigmas nazis. Estas palabras lo excitan, pero también lo turban, porque profesa estar todavía enamorado de Eligia. La narrativa subraya el aspecto disgénico de la relación entre Patricio y Elsa al enfatizar que carece de estética. Lo anterior se ajusta al argumento de Vasconcelos, según el cual "la procreación por amor es ya un buen antecedente de progenie lozana; pero hace falta que el amor sea en śı una obra de arte, y no un recurso de desesperados" (1925, 26). De acuerdo con este patrón, la relación [End Page 393] entre Patricio y Eligia seŕıa más estética que la que éste lleva con Elsa; la relación que tiene con la alemana se describe como un "delirio" y su desesperación en ella es palpable. Resulta irónico usar La raza cósmica, un ensayo que coqueteaba con el fascismo (Orestes Aguilar 2007, 154; Śanchez Prado 2009a, 390–91), para denunciar el nazismo y sobre todo el arianismo. No obstante, esta cita constituye uno de los ejemplos más claros de cómo Cañedo pone en tensión las ideas más canónicas de la época para señalar la incompatibilidad del nazismo con el orden posrevolucionario.

El menor de los Guerrero Arriaga capta lo absurdo de su lealtad al orden nazi cuando Eligia le da una carta de su madre que documenta casos de fusilamientos en San Miguel y desapariciones de muchas personas en campos de concentración. Este aspecto de la novela resulta especialmente interesante porque algunos cŕıticos, como Javier Barroso, sostienen que es difícil separar el nazismo del Holocausto en la literatura latinoamericana reciente, ya que la memoria global conecta estos dos conceptos en un imaginario transnacional (2017, 10–11). Puesto que El réferi se publicó durante la guerra, podemos deducir que la comunidad internacional ya asociaba el nazismo con los campos de concentración –aunque no necesariamente los campos de exterminación–desde por lo menos 1943. Al enterarse de las violaciones a los derechos humanos que han ocurrido en San Miguel, Patricio intenta refugiarse con Elsa, donde pasa dos días de "demencia". Sin embargo, cuando su amante le pide que se case con ella, Patricio la rechaza definitivamente. Luego, Von Virchow le reprocha diciendo: "procuré rodearlo de ¿cómo diŕıa yo? de camaradas de confianza, jóvenes y agradables; [ . . . ] Fraulein Elsa, por ejemplo. Pero el mal está en su casa, y, [ . . . ] está en su mujer" (349). Estas palabras confirman lo que el lector ha sospechado por mucho tiempo: Elsa siempre ha sido una agente con la misión de destruir el matrimonio supuestamente disgénico de Patricio. Cuando el oficial ve que Patricio titubea, le ordena que se divorcie y que se case con una mujer aria (349–50); amenazante, le dice que "no piense en renunciar" a su puesto (350). Como no ve otro recurso, Patricio regresa a casa y se suicida en su estudio.

Patricio ha aprendido demasiado tarde que la eugenesia alemana y la mexicana no pueden coexistir. Pero el problema que encuentra en el orden nazi no es que sea derechista y ultranacionalista. El libro de Cañedo asevera, más bien, que el nazismo relega a todos los mexicanos –incluso a los fascistas como Patricio–a la periferia, ya que subestima su composición racial. La anécdota de Patricio subraya las consecuencias que les esperan a todos aquellos que decidan fraternizar con los nazis: seŕan olvidados tanto por el Estado mestizo [End Page 394] como por los proponentes del orden ario. Nuestra lectura de El réferi cuenta nueve invita a un nuevo acercamiento a Margarita de niebla, donde nuevamente vemos un tríangulo amoroso entre un hombre criollo y sus pretendientes: una inmigrante alemana y una mujer mestiza. Como esta segunda novela precede al nazismo, Torres Bodet contextualiza su argumento eugenista dentro del discurso antiinmigrante y promestizo que, según Buchenau (2014, 72–73), abundaba en el páıs durante la época posrevolucionaria. No obstante, al igual que Cañedo, este autor vanguardista representa a los alemanes como una amenaza para la identidad mestiza posrevolucionaria.

Una estética nacionalista en Margarita de niebla

El papel de la eugenesia es menos obvio –pero de similar importancia–en Margarita de niebla, una novela cuya narración consiste en una colección de fragmentos del diario de Carlos Borja, un mexicano criollo, profesor de español en la ciudad de México. Varios cŕıticos han reconocido un elemento autobiogŕafico en ésta y otras novelas de Torres Bodet (Garćıa Gutiérrez 1999, 331–36; Olea 1994, 81). Al retratarse a śı mismo a través de su personaje intelectual, Torres Bodet logra una especie de introspección que seŕıa difícil replicar de otra manera. Sin duda, uno de los temas principales de la novela es la tensión entre el nacionalismo posrevolucionario y el cosmopolitismo que se asociaba al desarrollo económico y los migrantes europeos que lo protagonizaban. El autor explora estos temas a través de un tríangulo amoroso entre Borja y sus dos pretendientes: la inmigrante alemana Margarita y su amiga mestiza, Paloma. Poco después de hacerse novio de Margarita, Borja empieza a quejarse de ella en su diario. Más tarde, Margarita le presenta a su amiga Paloma y el personaje principal se pregunta si esta mujer seŕa "más hermosa que Margarita" (Torres Bodet 1927, 53). Borja termina por escoger a Margarita, pero se arrepiente momentos después de casarse porque decide que Paloma hubiera sido su esposa ideal. Nuevamente tenemos una ficción fundacional invertida: el personaje principal escoge una relación heterosexual romántica que jamás podŕa reconciliar con la nación. El protagonista reconoce su "error" una vez que ya no puede rectificarlo.

Nuestra lectura desafía a la mayoŕıa de los cŕıticos, quienes afirman de manera casi uńanime que los Contempoŕaneos –incluido Torres Bodet–rechazaban activamente los discursos nacionalistas de sus supuestos rivales, los estridentistas (Forster 1974–1975, 207; Goldammer 2006, 101–103; Oropesa 2003, xi-xii). Tal corriente de [End Page 395] cŕıtica literaria ha influido en la interpretación del tríangulo amoroso entre Borja, Margarita y Paloma, pues son pocos quienes lo plantean en términos nacionalistas. Rosa Garćıa Gutiérrez reconoce que ambas pretendientes representan culturas distintas, pero ignora el peso alegórico de tal observación y prefiere enfocarse en los debates estéticos de la época (1999, 338).10 A excepción de Garćıa Gutiérrez, la mayoŕıa de los cŕıticos interpretan el romance de la novela desde el vanguardismo. Gustavo Pérez Firmat, por ejemplo, postula que Margarita llega a ser un personaje nebuloso porque solamente la conocemos a través de las construcciones vanguardistas (y poco fidedignas) de Borja (1982, 44; véase también Ramírez Leyva 1994, 67–68).11 Sara Poot Herrera observa que Borja no interactúa mucho con Margarita porque prefiere "observa[rla] para recrearla después en la soledad" (1994, 371). Si seguimos las lecturas de Pérez Firmat y Poot Herrera, interpretaremos las relaciones frustradas entre Borja, Margarita y Paloma como manifestaciones de las fallas personales del narrador, e ignoraremos el peso alegórico y nacionalista que aquéllas conllevan.12

La cŕıtica más canónica de la época alude a una posible lectura alegórica, pero no la explora. Merlin Forster, por ejemplo, sintetiza nuestra observación cuando afirma que la novela "destaca con éxito las opuestas personalidades de Margarita y Paloma. Con todo, estos dos personajes llegan a ser pretexto, polos encarnados de una oposición ideológica, y nunca convencen como personas reales" (1975, 212). En otras ocasiones, tanto Forster como John Brushwood han observado que Paloma representa a las masas mestizas que protagonizaron la época posrevolucionaria (Forster 1964, 45; Brushwood 1973, 342), pero nuevamente se niegan a explorar las ramificaciones nacionalistas de dichas aseveraciones. El silencio de la cŕıtica en lo tocante al discurso nacionalista de esta [End Page 396] novela es particularmente sorprendente si consideramos las palabras de Evodio Escalante: "la designación Contemporáneos" es "una creación de los cŕıticos" (1994, 398, énfasis en el original); es decir, que el movimiento siempre fue más dińamico de lo que la cŕıtica ha reconocido. Es cierto también que Escalante afirma que los escritores conocidos más tarde como los Contempoŕaneos usaron plataformas como La Falange, una revista popular que se circulaba entre ellos, para ser "un ariete de la latinidad ante la amenazadora intrusión de la cultura anglosajona" (393). Vistos de esta manera, lejos de ser apoĺıticos, los Contemporáneos se involucraban en los debates nacionalistas de la época. En Margarita de niebla vemos que la amenaza extranjera no se limita a los anglosajones, sino que los alemanes también desafían el orden mestizo e hispano.

Ningún personaje de la novela encarna mejor la identidad moderna, mestiza y posrevolucionaria que Paloma. Según Garćıa Gutiérrez, esta mujer mexicana es "de madre francesa, conectada por tanto en legítimo parentesco con Europa" (1999, 338). Esta observación hace eco de las afirmaciones de varios cŕıticos e historiadores literarios que señalan una influencia francesa entre los Contempoŕaneos, y sobre todo en Torres Bodet (Paz 1994, 7). Sin embargo, este argumento también ignora el papel discursivo de la herencia mestiza de Paloma en la novela. A pesar de la afinidad innegable de Torres Bodet por la literatura francesa, debemos reconocer que "la influencia de la literatura francesa en [los Contempoŕaneos] [ha] sido tal vez menos importante de lo que generalmente se cree" (Cheymol 1994, 436), pues como nos recuerda Ignacio M. Śanchez Prado, la estética parisina se manifestaba en las vanguardias mexicanas de manera "intermitente" (2009b, 7). Nuestra lectura de Margarita de niebla sugiere que los Contempoŕaneos, y en particular Torres Bodet, añoraban una estética mexicana que reflejara el orden poĺıtico posrevolucionario. La descripción de Paloma: "rubia" –un elemento heredado por el lado francés–y de "ojos negros" –un rasgo probablemente heredado de sus antepasados precolombinos–enfatiza fenotípicamente su esencia mestiza (52). Ahora bien, ya que los paradigmas mestizófilos de la época haćıan hincapié más en la cultura y la modernidad que en el fenotipo (Dalton 2018, 2; Lund 2012, xv-xvii), la novela también señala cómo Paloma cabe mejor que Margarita en la sociedad posrevolucionaria.

Desde la primera vez que conocemos a Paloma, Torres Bodet nos hace notar una tensión estética entre ella y los Millers a través de sus gustos musicales irreconciliables. Los Millers siempre ponen música cĺasica –sobre todo la de Wagner y Beethoven, dos figuras célebres en la música alemana–cuando tienen visitas. Cuando Borja conoce [End Page 397] a Paloma en la casa de la familia de Margarita, observa que "le disgusta la música. Cuando se ve condenada a concurrir a las veladas de la familia Millers, busca la primera oportunidad de escapar a la tortura del concierto" (1927, 52). Esta afirmación entra en díalogo fructífero con Manuel Maples Arce, el poeta estridentista cuyo Actual No. 1 amenaza a Chopin con la electrocución en una declaración de nacionalismo estético.13 Con base en lo anterior, nuestro estudio identifica cierta concordancia entre dos movimientos vanguardistas que suelen verse en oposición directa (Flores 2013, 279–92; Palou 2001, 55–59; Rashkin 2009, 146–49). Śanchez Prado reconoce ciertas metas compartidas entre las vanguardias mexicanas, a pesar de sus métodos distintos, cuando dice que éstas pretendían "trascender la nación y legitimarse como el grupo que ejerc[ía] una pŕactica literaria universalista, en el plano estético (como los Contemporáneos) o poĺıtico (como los estridentistas)" (2009b, 21). Torres Bodet deconstruye la división entre lo estético y lo poĺıtico a través del tríangulo amoroso. En este punto, concordamos con Vicky Unruh, quien argumenta que, en la obra del autor, el arte y la experiencia –y, agregaŕıamos nosotros, la poĺıtica–"interact with and shape one another" (1994, 95). Tanto Maples Arce como Torres Bodet escribieron desde un contexto en el que la nación buscaba una música netamente mexicana y sobre todo mestiza (Velázquez y Vaughan 2006, 101). Al rechazar a diversos compositores cĺasicos y europeos, estos autores vanguardistas abogaban por una música que comunicara la experiencia mexicana.14

Una cita de Borja encapsula de la mejor manera la suspicacia del autor hacia la música cĺasica y de origen europeo: "¿se ha enterado usted de la teoŕıa que algunos formulan, según la cual Beethoven podŕıa ser considerado como el primero de los músicos puros, es decir como el primero de los deshumanizados?" (1927, 39, énfasis en el original). Varios cŕıticos ya han tratado el díalogo directo que Torres Bodet entabla con José Ortega y Gasset en esta sección (Garćıa Gutiérrez 1999, 331–32; Palou 2015, 387–88; Unruh 1994, 71–72). Para Ortega, el arte más sublime era aquel tan abstracto que las clases populares no eran capaces de entenderlo, pues "cree el vulgo que es cosa fácil huir de la realidad, cuando es lo más difícil [End Page 398] del mundo" (1967, 36). Tal argumento –y otros más, como el rechazo al género literario de la novela–"causaron indignación en México" y particularmente entre los Contempoŕaneos (Palou 2015, 32). Torres Bodet respondió directamente al filósofo español en un artículo que tituló igual que el libro de Ortega y Gasset: "La deshumanización del arte", en el que afirmó que "no es obligación nuestra el seguirla [a Europa] en un declinar que la antigüedad heroica de su pueblo explica, pero que resultaŕıa ilógico en el nuestro" (1929, 127).15 A fin de cuentas, Torres Bodet y los Contemporáneos queŕıan renovar las letras nacionales y diferenciarlas de las europeas (McGinn 2014, 129). Podemos afirmar, entonces, que siempre hubo una tendencia nacionalista y (latino)americanista en su obra.

Torres Bodet enfatiza el aspecto nacionalista de su novela cuando asocia a Paloma con la música de América, mientras que a los Millers los presenta como una familia que rechaza los estilos del Nuevo Mundo. Esto se ve claramente cuando la señora Millers revela que ha ido a Nueva York con su esposo Federico y que no les han impresionado los conciertos. Si consideramos el hecho de que esta ciudad estadounidense inspiró la producción musical de figuras como Carlos Chávez (Velázquez y Vaughan 2006, 102–103), nos damos cuenta de que, lejos de un simple rechazo hacia Estados Unidos, estas palabras minimizan la producción musical del Nuevo Mundo en general. Borja desafía la postura de la señora Millers al asegurar que "no podemos seguir siendo devotos de una música que corresponde a una manera espiritual que ya no es nuestra" (Torres Bodet 1927, 39). Palou arguye que Torres Bodet crea esta conversación sobre la música para hacer comentarios sobre el lugar de la narrativa y sobre todo de la novela en las letras mexicanas (2015, 388). Nosotros ampliamos su observación y aseveramos que el autor también aboga por una estética que refleje la realidad nacional y posrevolucionaria, ya que cuando regresamos al texto más de noventa años después de su publicación, podemos ver que las cuestiones estéticas también abarcaron temas nacionalistas y poĺıticos. Al afirmar que México debe buscar su propia estética, Borja se aĺıa con los sentimientos de Paloma y, por lo tanto, rechaza las actitudes foŕaneas de los Millers.

Los elementos estéticos que asocian a Paloma con la modernidad mestiza y a Margarita con una supuesta decadencia europea van más allá de la música. A lo largo de la novela, el protagonista asocia [End Page 399] a Margarita con el modernismo y a Paloma con el vanguardismo, una estrategia que nuevamente exalta a Paloma. Como narra Borja en un pasaje, "a Paloma le gustan mucho estos animales feos [los gansos], que, cuando están en tierra, caminan a cualquier hora del día sobre su sombra. La gracia del cisne apasiona, en cambio, a Margarita" (Torres Bodet 1927, 55). Aqúı Torres Bodet sutilmente invoca el poema "Tuércele el cuello al cisne", de Enrique González Martínez,16 el cual pretendía reemplazar el cisne modernista con el búho de la vanguardia. Al inclinarse por el cisne, vemos que Margarita prefiere una estética ya anacrónica. Si bien Borja concuerda con Margarita en que los gansos son feos, también señala otra ave como la que mejor representa el México posrevolucionario: la paloma. Torres Bodet alude a una cualidad regeneradora que se asocia con esta ave desde el mito de Noé cuando la señora Millers narra el evento que supuestamente clausuró el diluvio bíblico: "[e]n sus ojos, dos pájaros azules se alisaban las plumas, todavía impregnadas por la lluvia, con el pico de una mirada amarilla y las conchas de sus orejas" (59). Estas palabras hacen referencia a la importancia de la hibridez cultural en México: el color azul, por un lado, parece validar el modernismo (Bernal Muñoz 2002, 182–89), pero la invocación de la paloma sugiere una evolución del estilo anterior al vanguardismo. El texto hace hincapié en el papel regenerador de estas aves a través de las imágenes sexuales y reproductivas: los pájaros no sólo están mojados, sino que están "impregnados por la lluvia", y hay una referencia a un "pico" y dos "conchas" –algo que nuevamente nos recuerda del triángulo amoroso entre Borja, Margarita y Paloma. Debido a que la regeneración nacional constitúıa la principal preocupación del Estado mestizo (Benjamin 2000, 479), se puede inferir aqúı que una relación con Paloma seŕıa la más eugenésica, pues tal como una paloma guió a Noé hacia tierra firme, aquélla le podŕa mostrar a Borja el camino que le corresponde en una nación posrevolucionaria y mestiza.

Si nos basamos en la eugenesia de la época, queda claro que Borja y Paloma engendraŕıan una nación intelectual y culturalmente sofisticada, mientras que una relación con Margarita jamás produciŕıa tal fruto. Quiźas es por eso que Borja se queja de Margarita en su noche de bodas, declarando que sus "razas se repugnan" (Torres Bodet 1927, 91). El uso de la palabra raza es problemático en este [End Page 400] pasaje, ya que Borja también se refiere a śı mismo como criollo (o blanco) (96). La aseveración de que Borja y Margarita son de distintas razas alude a las fisuras entre las eugenesias mexicana y alemana, pues si bien tanto Margarita como Borja son de ascendencia europea, sus naciones de origen les exigen acciones reproductivas contrapuestas a su unión. Por lo tanto, se acuestan sin hacer el amor en su noche de bodas. Garćıa Gutiérrez arguye que Borja "conserva su fertilidad para Paloma, quiźas con la esperanza de que de ambos nazcan los hijos de su raza, enriquecidos por las lecturas de Paloma, y sincronizados con la cultura universal" (1999, 339). Su lectura convence por un lado: Borja no ve a Margarita como progenitora ideal. No obstante, dado que Borja decide acompañar a la familia de Margarita a Alemania, es dudoso que vuelva a ver a Paloma. Más bien, Borja ha fracasado alegóricamente en la procreación de una raza cósmica con Paloma. Torres Bodet subraya las fallas eugenistas de su protagonista en la última escena de la novela. Como narra Borja, "junto a nuestra mesa, una familia mexicana nos reproduce en moreno como la copia de un espejo inteligente que no tomara de la realidad sino los elementos esenciales y los decorara a su modo" (1927, 96, énfasis mío). El hombre se parece a Borja y la mujer es idéntica a Paloma. Aśı que, justo antes de dejar atŕas su patria, Borja ve otra pareja que śı cumple con los requisitos nacionalistas. A diferencia de Garćıa Gutiérrez, nosotros aseveramos que Borja nunca podrá realizar sus sueños reproductivos con Paloma; más bien, se iŕa a Europa mientras otros hombres mexicanos forjan patria al casarse con mujeres morenas para engendrar hijos biológica y culturalmente mestizos. Podemos concluir entonces que este personaje ha fracasado en regenerar a su nación.

Comentario final

El presente estudio ha contribuido a nuestro entendimiento de las ideologías raciales de la época posrevolucionaria mediante el ańalisis de dos novelas que critican fuertemente a protagonistas criollos que establecen relaciones románticas con mujeres blancas. La presencia de tríangulos amorosos multirraciales en estas dos novelas de movimientos literarios tan diśımiles enfatiza el hecho de que muchos mexicanos véıan la reproducción multirracial como un deber patriótico. Claro está que ambas obras representan las relaciones interraciales heterosexuales mexicanas en términos alegóricos, pues es poco probable que sus autores criticaran a un individuo por tales gustos románticos fuera del ámbito literario. No obstante, ambas novelas promueven un discurso nacionalista. El tríangulo amoroso [End Page 401] de El réferi cuenta nueve destaca la incompatibilidad discursiva entre las eugenesias mexicana y alemana. Por su parte Margarita de niebla, emplea la tensión entre Margarita y Paloma para contrastar una estética europea y supuestamente decadente con otra mexicana y vibrante, algo que adquiere peso nacionalista cuando lo consideramos desde el contexto posrevolucionario en el que fue escrita. La yuxtaposición de estas novelas valida algunos estudios recientes que postulan que, lejos de representar el emblanquecimiento per se, el mestizaje primordialmente era una estrategia para reconciliar lados opuestos de la nación mexicana. Tanto Torres Bodet como Cañedo critican fuertemente a sus personajes criollos no porque les gusten las mujeres blancas y extranjeras, sino porque al tener relaciones románticas con tales mujeres no podrán contribuir a un orden mestizo y moderno. Aśı pues, en ambos casos los personajes masculinos terminan arrepentidos y sin poder rectificar sus supuestos errores amorosos. De esta manera, tanto Diego Cañedo como Jaime Torres Bodet advierten sobre los riesgos de ignorar la responsabilidad reproductiva que el Estado exige para reconciliar las diferencias en un orden mestizo. [End Page 402]

David S. Dalton
University of North Carolina at Charlotte

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Footnotes

1. Según Ruxandra Chisalita (1994, 239–41), además de Torres Bodet, Carlos Pellicer fue otro Contempoŕaneo que empleaba un discurso nacionalista e indigenista en su poeśıa.

2. Varios cŕıticos observan que Torres Bodet se involucró más con la poĺıtica que otros Contempoŕaneos (véase Rebeca Barriga Villanueva 1995; Luis Leal 1957, 290–92; y Octavio Paz 1994, 11–12).

3. Calles le robó la presidencia a Vasconcelos y colocó en su lugar a su candidato preferido, Pascual Ortiz Rubio (véase Luis Javier Garrido 2005, 110).

4. John Mraz nos recuerda que alemanes como Guillermo Kahlo no sólo contribuyeron técnicamente a la nación, sino que también participaron en la propaganda del progreso (37–42).

5. Según Thomas S. Kuhn, la ciencia es una metodología que permite organizar información falsificable en paradigmas a través de una rigurosa observación y documentación (1996, 10–11).

6. De acuerdo con Nancy Leys Stepan (1991, 8–9), dos factores principales contribuyeron a la preponderancia del lamarckismo en América Latina: la afinidad con Francia y la existencia de grandes poblaciones no europeas.

7. Según Edward R. Burian (2013, 316–20), la arquitectura fue uno de los medios más destacados en la afirmación de la modernidad mexicana.

8. Gamio había trabajado en Estados Unidos para fomentar el apoyo a Calles entre los funcionarios del gobierno norteamericano durante la presidencia de Álvaro Obregón (véase Gamio 1924).

9. El muy conocido arquitecto y muralista Juan O'Gorman le agradeció en varias ocasiones a Źarraga por haberle enseñado cómo hacer arquitectura nacionalista (Canales Gonźalez 2013, 50).

10. Emilio Irigoyen brinda una lectura fascinante de cómo la novela dialoga con un México en pleno proceso de modernización (2005, 214–26).

11. Margarita Vargas argumenta que la prosa de Torres Bodet se asemeja a una poeśıa que hace hincapié en la imagen, antes que en la narrativa (1986, 43).

12. Varios cŕıticos han hablado de diferentes tipos de alegoŕıas en la novela. Björn Goldammer arguye que, en la literatura de Torres Bodet, "el aislamiento del flujo vital lo convierte [al sujeto] en signo, en alegoŕıa que presta el sustrato material a las reinscripciones posteriores" 2006, 108). Por su parte, Fernando Fabio Śanchez postula que las novelas de los Contempoŕaneos "alegoriza[n] la circunstancia del hombre en crisis permanente ante la pérdida de la viabilidad de proyectos totalizadores" (2007, 213). Ambos cŕıticos emplean el término de una manera distinta a Sommer (2004), pues ésta enfatiza cómo los personajes de las ficciones fundacionales representan "determinadas regiones, razas, partidos e intereses económicos" (22).

13. Silvia Pappe compara a estos dos poetas en un ensayo fascinante (véase 1994, 253–57). Varias instancias de cŕıtica reciente también reconocen cómo Torres Bodet y Maples Arce invocaban la tecnología y la modernidad en su obra (véase Gallo 2006, 182; Potter 2013, 5–17).

14. Quiźa por esto Torres Bodet y los Contempoŕaneos dedicaron espacio a la música folclórica en su revista La Falange(véase Palou 2001, 60).

15. Judy Held Miller observa que Borja no entiende las decoraciones interiores de la casa de los Millers porque ésta refleja un modo extranjero y anacrónico de ver el mundo (1975, 27–28).

16. Varios cŕıticos señalan que Gonźalez Martínez aparećıa con frecuencia en la obra temprana de Torres Bodet (Paz 1994, 4; Pacheco 1994, 91). Véase también Palou (2015, 243–45) para ver hasta qué punto llegaba la influencia de este poeta entre las vanguardias mexicanas de la década de 1920.

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