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LAS ASPEREZAS DE GARCILASO Luis F. Avilés University of California-Irvine E n la sección titulada “Vida de Garci Lasso de la Vega” que forma parte de los preliminares de las Anotaciones a la poesía de Garcilaso (1580), Fernando de Herrera escribe uno de los juicios más perdurables sobre la obra de su admirado autor: “I con aquella claridad suave i fácil, i con aquella limpieza i tersura i elegancia i fuerça de sentencias y afetos, se junta l’alteza de estilo a semejança de Virgilio, sin la cual claridad no puede la poesía mostrar su grandeza, porque donde no ai luz ni entendimiento, i donde faltan estas dos virtudes no se puede conocer ni entender cosa alguna, i aquel poema que siendo claro tendría grandeza, careciendo de claridad es áspero i difícil” (mi énfasis)1 . La serie de calificativos asociados a la luz, la claridad y suavidad del verso, la elegancia, limpieza y tersura, fue punto de partida para la consolidación de una imagen del Garcilaso renacentista, el poeta que vino a rescatar la dignidad de una lengua que no se correspondía a la magnificencia imperial de España en su constante expansión mediterránea y transatlántica. La “rudeza” de la lengua no estaba a tono con la misión “civilizadora” de la reconquista y la creciente expansión de las fronteras. El maestro Francisco de Medina, en su prólogo a los lectores de las Anotaciones, explica que este estado deplorable del lenguaje se debía en gran medida a que hacía muy poco tiempo que los españoles “sacudimos de nuestras cervizes el yugo con que los bárbaros tenían opressa la España” (194; sobre el maestro Medina véase Pepe y Reyes 24-29). La claridad, elegancia, dulzura y suavidad del verso representan una respuesta frente a los residuos “bárbaros” de la ocupación árabe, contra el esfuerzo militar que representó la reconquista, pero también contra la dificultad y la extrañeza2 . La lucha por la lengua parece no poder desligarse de una óptica política, la cual rehusa opinar sobre el sonido y la selección de palabras en un verso sin perder de vista la indisoluble unión entre la lengua y el imperio, entre un nosotros (los españoles que invoca Medina) y un otro extraño. Esto lo vuelve a confirmar Medina en una cita muy importante: “El último daño que los nuestros recibieron en esta conquista fue aver tan pocos autores los cuales, como caudillos, los guiassen por medio de l’aspereza de aquesta CALÍOPE Vol. 11, Number 1 (2005): pages 21-47 22 Luis F. Avilés D D D D D barbaria, i si los avía, faltó quien se los diesse a conocer” (196; mi énfasis). La conquista a la que se refiere es la del lenguaje, pero sin nunca olvidar los aspectos militares de la expansión del imperio. Los poetas soldados necesitan de caudillos que guíen y dirijan esta lucha en el ámbito mismo de la lengua.Asensio, al referirse a los gramáticos españoles que siguen muy de cerca a Lorenzo Valla, comenta que “Los guerreros están realizando el sueño de la reconquista” (401). En otras palabras, la gramática y la lengua poética son análogos al proceso de conquista imperial y “civilizadora” de una nación. El poeta es conquistador y soldado a la vez, pero su enemigo no es un otro distante, sino el lenguaje mismo, la casa del idioma habitada desde su nacimiento pero intervenida por sonidos de un otro más cercano y familiar (para Medina, las poblaciones árabes de España). En la lucha del poeta en el hogar de la lengua, sus armas son la dulzura, la blandura y la luz, y el enemigo un residuo bárbaro que cohabita en el seno mismo del lenguaje y que debe ser domesticado3 . El humanismo español del siglo XVI concibe así una doble articulación tanto de una estética de lo político como de una política de la estética...

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Additional Information

ISSN
2377-9551
Print ISSN
1084-1490
Pages
pp. 21-47
Launched on MUSE
2017-11-06
Open Access
No
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