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DE BELISA, SU VACA Y SU BECERRO: POESÍA COMO MERCANCÍA EN MONTEMAYOR Julio Baena University of Colorado A ntes de esta edad menor, en que ya la caída del oro a la plata y al hierro ha dejado de sangrarnos, queremos creer que hubo una en la que el oro de estudiar, de escribir, de hacer poesía, se mantenía al margen de todo mercado. Queremos creer que sólo en nuestra edad de hierro se amonedó: se hizo dinero (plata se llama en Latinoamérica, con precisión kantiana). Cuando íbamos a las convenciones de la MLA mejor vestidos que ahora, porque debíamos poder vender eso que vendemos a quien nos lo comprara, o menos mal nos lo comprara, se nos recordaba que habíamos sido expulsados del Paraíso. Empujándonos brutalmente al vacío, como una golondrina madre—cómo, si no—se nos negaban unos académicos mimos. “It’s time to leave the nest,” se nos decía, como si, en efecto, nuestra producción previa (trabajos de fin de curso, exámenes, tesis) nunca hubiera estado en el exterior del supuesto nido. Larga es la cuenta y la historia del lío inextricable que nos presenta la metaforización del mercado de trabajo como “el exterior del nido.” La coincidencia dolorosa que vemos entre ese exilio que se llama alienación, ese otro exilio que es nacer, y los mitos de la Edad de Oro y del Paraíso Terrenal. Obvia nos parece ahora—pero aún no clara—la simultaneidad de lo laboral y lo edípico. Marx > Lacan > Althusser > Deleuze-Guattari, o Marx > Foucault > Baudrillard > Bourdieu, o cualquier otro periplo—y aun atajo—intelectual nos llevan, en esta “Consumación de los Siglos” que algunos llegaron a denominar “fin de la Historia,” a la síntesis más clara del análisis más claro de la impotencia más clara, que a lo mejor es nuestra única virtud1 . En la Edad de Plata rompió el arado la virginidad de la Madre Tierra, dejando clara la incompatibilidad entre virtud (“honra” se la llamaría calderonianamente)2 y el menor asomo de plusvalía. Hace largo tiempo, pues, cuando aún el cordón umbilical no había acabado de cortarse—o de roerse con los dientes, como hacen todavía los (las) buenos (buenas) salvajes—3 , ayudando yo en la edición de una publicación ajena, tuve con su autor un interesante intercambio de notas. CALÍOPE Vol. 9, No. 2 (2003): pages 75-91 76 Julio Baena D En uno de los textos que el libro transcribía (la Égloga I de Garcilaso) se incluía una referencia un tanto oscura por su lenguaje a la práctica de la trashumancia tan característica de los ganados españoles hasta hoy mismo. Habiendo acordado como criterio de inclusión de notas aclaratorias el ser abundoso, pues el libro en cuestión estaba y está destinado sobre todo a los estudiantes norteamericanos, usé de mis “amplios poderes” editores para sugerir al autor que el texto en cuestión quedaría mucho más claro si se incorporaba una nota (que redacté yo mismo) explicando de qué hablaba Salicio4 . Me envió una nota el autor (un simple post-it pegado a las páginas del manuscrito en que trabajábamos) diciendo que le parecía bien, y añadiendo, menos en serio, pero con cordialidad y buen humor, que cómo iba a saber de prácticas trashumantes, habiendose criado en una gran ciudad, casi no habiendo visto una oveja en su vida (yo, por mi parte, al enviarle mi sugerencia, apostillaba que mi conocimiento del tema se basaba en ser saber común de los españoles, pero también en experiencia propia, al ser mi pueblo eminentemente ganadero de ganado lanar, y estar precisamente situado en esas tierras altas de que se habla en el poema de Garcilaso). Lo escrito en esa nota, con humor y con prisa, ilustra y resume bien un problema crítico que va mucho más allá de la decisión de aclararles o no a los chicos norteamericanos unos...

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Additional Information

ISSN
2377-9551
Print ISSN
1084-1490
Pages
pp. 75-91
Launched on MUSE
2017-11-06
Open Access
No
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