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Pietro Alfonsi. Disciplina clericalis: Sapienza orientale e scuola delle novelle. Ed. Cristiano Leone. Presentazione di Laura Minervini. Roma: Salerno Editrice, 2010 («Testi e documenti di letteratura e di lingua», XXXI), 2010. xciv+190 pp. ISBN: 978-88-8402-689-7.

A veces se oye lamentar a los hispanistas de Italia que tal o cual clásico hispánico no cuenta con una traducción reciente que pueda ser considerada adecuada, pero lo cierto es que de sus imprentas no dejan de salir libros que habrían de suscitar sana envidia en la Península Ibérica. Un buen ejemplo es el que ahora nos ocupa. Hasta entrado el siglo XXI no existía una versión italiana completa de la obra más famosa de Pedro Alfonso, la Disciplina clericalis, y en poco tiempo se han publicado nada menos que dos. La aquí comentada, preparada con esmero por Cristiano Leone, ha salido pisando los talones de otra realizada por Edoardo d’Angelo (Ospedaletto, Pisa: Pacini, 2009) —que, como esta, presentaba tanto el texto latino como una traducción italiana.

En la sobrecubierta (y sólo en ella) de esta nueva edición el nombre de la obra viene acompañado de un subtítulo, “Sapienza orientale e scuola delle novelle”. A mi entender, no desentona y proporciona una idea adecuada del contenido, ya que a causa de desplazamientos semánticos el público menos especializado puede llegar a pensar que bajo el título de Disciplina clericalis se esconde algo así como un precursor medieval de los Ejercicios espirituales ignacianos. El volumen en sí se abre con una breve presentación de Laura Minervini sobre Pedro Alfonso, a quien caracteriza como intelectual de frontera marcado ante todo por su condición de converso. A decir verdad, lo más probable es que Moshé Sefardí, por utilizar su primer nombre, ya antes de abrazar el cristianismo el 26 de junio de 1106 en Huesca tuviera amarga experiencia de lo que era una sociedad de frontera y que esta se moviera bajo sus pies. Aunque no sabemos nada con certeza sobre su vida anterior, es de suponer que nació en lo que por aquel entonces era el norte de al-Ándalus y conociera los asedios cristianos que culminaron con la toma de la ciudad diez años antes de su bautizo.

Sigue una introducción de Leone, que comienza con un resumen de lo poco que sabemos con certeza sobre la vida del sabio, es decir, su conversión al cristianismo en Huesca y su desplazamiento a Inglaterra como maestro de artes liberales, y con una breve explicación sobre su obra, compuesta por dos tratados de astronomía, el Dialogus contra Iudeos y la Disciplina clericalis. A continuación [End Page 250] estudia su tradición manuscrita y llega a contar más de ochenta testimonios conservados. Leone subraya tres aspectos en cuanto a los códices: que las obras científicas únicamente se han conservado en procedentes de Inglaterra, que la mayoría de los del Dialogus remiten a una redacción en ese mismo país y que hay muchos de la Disciplina localizados en Francia e Inglaterra, mientras que sólo se han conservado cuatro en España. Ello le lleva al convencimiento de que Pedro Alfonso escribió sus obras en Inglaterra, una idea que ya Minervini suscribía por anticipado en la presentación. En mi opinión, se trata de una hipótesis muy dudosa, principalmente por dos motivos: el primero es que algunos de los escritos de Pedro Alfonso muestran que tuvo a mano una variedad de fuentes a duras penas accesible en Inglaterra, pero fácilmente a su alcance en la Península Ibérica; el segundo, que resulta difícil pensar que fuera llamado a Inglaterra sin haber escrito todavía nada y contar con cierta reputación. Resulta mucho más verosímil que fuera invitado siendo ya un autor conocido y que llevara consigo un códice con obras que ya había compuesto. Naturalmente, ello no significa que Pedro Alfonso no redactara nuevas obras fuera de la Península y actualmente parece claro que el mayor foco de difusión de sus obras se sitúa en el área anglo-normanda.

Luego Leone trata de la obra más famosa de Pedro Alfonso, la Disciplina clericalis, la primera colección de narraciones ejemplares (treinta y cuatro según la división introducida por Alfons Hilka y Werner Söderhjelm) de origen oriental escrita en latín y destinada a un público de la Europa occidental. Leone dedica un apartado a la cuestión de las fuentes, pero dada la dificultad de señalar alguna directa prefiere trazar paralelos con tres colecciones orientales que algún tiempo después contarían con versiones castellanas: Calila e Dimna, Sendebar y Barlaam e Josafat. También dedica una sección a personajes conspicuos de la obra, como Enoch, Sócrates y Barlaam. Leone termina su introducción con una consideración del extraordinario impacto de la Disciplina clericalis en la cultura medieval y trata de su explotación como tesoro de exempla para predicadores como Vicente de Beauvais y de las numerosas traducciones que del libro se realizaron a las lenguas vernáculas de la época.

En cuanto a la obra en sí, Leone no presenta una nueva edición crítica, sino que sigue un texto latino preparado por Hilka y Söderhjelm. Me temo que se trata de una tarea que está quedando postergada, pues hoy conocemos testimonios de los que ambos eruditos no tenían noticia cuando llevaron a cabo su trabajo a principios del pasado siglo. Es digno de reseñar que Leone reproduce el [End Page 251] texto crítico de su edición mayor (Helsingfors: Druckerei der Finnischen Litteraturgesellschaft, 1911) que acabaría abarcando tres volúmenes, no el de su edición menor (Heidelberg: Carl Winter, 1911), que pese a una declaración algo engañosa en la portada se basaba en un códice óptimo y era el que hasta ahora había sido el más asequible a todo hijo de vecino.

La versión italiana de Leone es buena, prima la fluidez y se deja leer con agrado. Además, sería injusto no mencionar otros dos elementos de su trabajo. Por un lado, proporciona notas al texto que resultan adecuadas, si bien en algún caso tienden a lo interpretativo más que a lo puramente informativo. Por otro lado, remata su trabajo con un útil apéndice donde se indican fuentes y versiones posteriores de cada relato.

En suma, estamos ante una aportación que habría que acoger con los brazos abiertos. Sobre este Pedro se edificaron las colecciones narrativas de la Edad Media europea y es bien sabido que sus relatos engendraron los del Novellino y el Decameron (los ejemplos XI, XIV y XV de la Disciplina clericalis, por nombrar algunos, parecen haber inspirado las novelas VII.6, VII.4 y VIII.10 de Boccaccio). Por eso, no queda más que congratularse viendo a Pedro Alfonso codearse en una colección con lo más granado de las letras italianas: Poliziano, Bembo, Castiglione, Tasso, Leopardi, Manzoni y Pascoli entre otros. [End Page 252]

Juan Carlos Bayo Julve
Universidad Complutense de Madrid

Additional Information

ISSN
1947-4261
Print ISSN
0193-3892
Pages
250-252
Launched on MUSE
2013-07-02
Open Access
No
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