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El tema del honor: de la comedia al esperpento Adelaida López de Martínez Texas A&M University Los más destacados historiadores de la literatura española coinciden en que la producción dramática de don Pedro Calderón de la Barca representa la culminación — hasta el agotamiento — del proceso de nacionalización del teatro iniciado en España por Lope de Vega.1 Para bien o para mal, así lo ha entendido también la erudición de los siglos XIX y XX: mientras los románticos, sobre todo los extranjeros, consideraban a Calderón el más insigne poeta y dramaturgo de todos los tiempos, el revisionismo noventaiochista español vio en él la síntesis del dogmatismo tridentino más fanático y la esencia del más frío conceptismo barroco. No hay más que recordar lo que de él dijeron por un lado Goethe, Schlegel, Shelley y, por otro, Unamuno, Machado, Ortega o Pérez de Ayala. La crítica actual, recientemente espoleada por el tricentenario de la muerte de Calderón, ha resuelto revisar su obra desde una perspectiva más ecuánime, valorándola estética y no ideológicamente.2 El propósito de mi trabajo me obliga a concentrarme exclusivamente en el tema del honor conyugal, sin entrar en la polémica sostenida por quienes afirman que Calderón acepta las leyes del honor vigentes en el teatro de su época con la misma ortodoxia con que acepta la superioridad del deber sobre la inclinación y la necesidad de que la razón domine los instintos, y por quienes mantienen, en cambio, que Calderón expone esas leyes en la escena para mostrarlas en toda la monstruosidad anticristiana de su tiranía. Dado el motivo de mi estudio debo atenerme a entender el concepto del honor según lo percibía don Ramón María del Valle Inclán en la dramaturgia de Calderón. Es cierto que Bruce Wardropper se queja, probablemente con razón, de que Ia generación del 98 y las siguientes juzgaron a Calderón sin haber leído "más que una media docena de sus dramas", basando sus juicios en la opinión, absurdamente partidista, de don Marcelino Menéndez Pelayo cuyo libro, Calderón y su teatro, le parece a Wardropper escrito casi exclusivamente para probar la superioridad de Lope sobre Calderón. La verdad es que, para finales del siglo pasado, ya estaba acuñado el término "honor calderoniano", entendi éndose por ello el concepto del honor que convierte a la mujer en depositaría de la honra familiar y al hombre en su guardián y defensor; concepto que se basa en la más absoluta castidad femenina 19 20Rocky Mountain Review antes del matrimonio y en la más inequívoca fidelidad conyugal por parte de la esposa; concepto, que al equiparar el honor con la vida, hace moralmente aceptable que hasta una mínima sospecha de agravio exija reparación inmediata, la cual se consigue a cabalidad únicamente matando a la mujer — culpable o no — y al amante, presunto o verdadero. Es decir, que se trata del honor vigente en aquellas piezas calderonianas que Ruiz Ramón (I: 254-63) ha denominado "los dramas-límite del honor", y que son: A secreto agravio, secreta venganza, El médico de su honra, y El pintor de su deshonra.3 Es evidente que éste es el concepto del honor asimilado por Valle Inclán, pues es el que repetidamente parodia a lo largo de su producción. Ligado al tema decimonónico del adulterio femenino, el tema del honor fascinó a Valle Inclán desde muy pronto. No lo abandonó nunca. Es quizá la gran constante de su obra, pues se da tanto en la que se ha llamado su época modernista como en los esperpentos, tanto en sus novelas y cuentos como en sus piezas teatrales, tanto en sus obras históricas como en las de ficción. Verdad es que dicho tema constituye casi una constante cultural del mundo hispánico y que se lo percibe como una característica de nuestra...

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Additional Information

ISSN
1948-2833
Print ISSN
1948-2825
Pages
pp. 19-31
Launched on MUSE
2016-01-06
Open Access
No
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