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  • “De ver a mi corazón enredado con el tuyo” (entonaciones de Margo Glantz sobre la Malinche, Sor Juana y Campobello)
  • Sara Poot-Herrera

Que estés muy bien y que las tristecitas cedan, que don Luis nos legó el amor por la vida.

Margo es ejemplo.

1. El linaje y la falta de linaje son relativos (Margo Glantz en Las genealogías)

No se sabe mucho de la historia familiar de Marina ni de Sor Juana ni de Nellie Campobello. No se puede afirmar nada del padre de ninguna de las tres, comenzando en que no se sabe quién fue uno, el otro ni el otro. Y Margo Glantz sabe que no se sabe y sabe también que a lo mejor ya no se va a saber nunca. ¿Importa?

De esta incertidumbre sobre el ancestro familiar – y pienso sobre todo en la figura del padre – se deriva la ausencia del apellido paterno –pienso sobre todo en Sor Juana y en Nellie: ¿Asuaje? ¿Campobello? – y en la profusión/sustitución del nombre propio – pienso sobre todo en Nellie y en Marina: ¿Francisca? ¿Malintzin? (¿Juana Inés?). Con tan sólo estas dos anotaciones – relativas nada menos que a la historia personal de tres mujeres, puntuales en la Conquista, la Colonia y la Revolución mexicanas – podemos ver cómo Margo Glantz tiene una “amorosa inclinación a enredarse en cabellos.”1 [End Page 95]

La inclinación seguirá siendo amorosa, cordial, de y del corazón, caro éste a Margo Glantz, quien del enredo en cabellos – enredo/desenredo/enredadera – trenzará su creación transgenérica – ensayos, estudios críticos, crónicas, traducciones, ediciones, syllabus de clases, convocatorias de congresos (reúne a malinchistas y a sorjuanistas, ¡a quién no reúne!), proyectos de investigación y de creación, artículos periodísticos, cuentos, novelas... –, fechada ésta – su obra –, además, en diferentes lugares – un mismo libro, varios libros escritos en distintas geografías: Coyoacán, Odesa, Acapulco, Leningrado; Coyoacán, Princeton, Coyoacán, Harvard, distintos puntos de la India, Coyoacán. Esa fidelidad a Coyoacán que la distingue corresponde al modo como Margo habla de los libros que lee, trata a sus amigos, a quienes dedica sus escritos y a quienes reúne y los reúne en su casa de Coyoacán.

Cuando la Universidad Autónoma Metropolitana le entregó el Doctorado Honoris Causa en noviembre de 2005, dije que Margo vivía y vive en Tres Cruces (su calle) y entre tres cruces: Sor Filotea de la Cruz, Manuel Fernández de Santa Cruz y Sor Juana Inés de la Cruz. No es una referencia metafórica – dije también – sino las tres presencias – la madre, el padre y la hija – de su novela El rastro,2 allí donde el corazón late (“viéndolo bien, El rastro es todo corazón”).

Pensar en Margo Glantz y su obra es pensar en todo tipo de “transterritorialidades” y de “transtextualidades,” donde el lector/la lectora pierde y gana peso, mientras ella escribe Las mil y una calorías, novela dietética y más tarde le sigue las huellas a Nora García, personaje de su novela El rastro y protagonista de Historia de una mujer que caminó por la vida con zapatos de diseñador. Proteica, la obra de Margo Glantz es por antonomasia una textura devanada con hilos de índole diversa; es, digámoslo así, una “adelantada” – y lo fue desde muchos años atrás – de la hibridez cultural de las llamadas posmodernidades en las que la suya es marca de prestigio.

La condición de viajera de Margo Glantz la lleva a extremos tales como el de llegar un día de Bogotá a la ciudad de México, comer un rato después en su casa de Coyoacán y viajar esa misma tarde a Stanford, que su seminario la espera para escucharla hablar de María de Zayas (España, siglo xvi) y de la violencia secular – y no sólo literaria – que [End Page 96] sufren el cuerpo y, al parecer, el destino femeninos. Eso en cuanto a la “transterritorialidad” que trae en la...

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Additional Information

ISSN
2165-7599
Print ISSN
0035-7995
Pages
pp. 95-104
Launched on MUSE
2012-02-19
Open Access
No
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