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PROBLEMAS IRRESUELTOS DE LA EDICIÓN DE LOS VERSOS DE FR. LUIS DE LEÓN EJEMPLIFICADOS EN LA VERSIÓN DE LAS ÉGLOGAS VIRGILIANAS Margherita Morreale Universidad de Padua A pesar de haber comentado más o menos satisfactoriamente buena parte del Libro del Arcipreste de Hita en páginas publicadas e inéditas, nunca abordé la edición porque no me convencían del todo las soluciones de los editores informados en ecdòtica, partidarios del manusrito de Salamanca, y tampoco la magnífica edición de Joan Corominas por la regularidad métrica a la que somete el texto, aun cuando está constreñido por los modelos, como en las fábulas, o por el tenor preexistente, como en los refranes; con el ilustre catalán comparto la preferencia por el manuscrito de Gayoso y en parte del de Toledo, principalmente porque me parecen más fiables los errores burdos, pero transparentes, de G, que las lecciones del sabihondo S, además de inclinado al leonés y más tardío; además desde el castellano que he aprendido en Andalucía, creo comprender mejor la lengua expresiva que G refleja más a menudo. Por el mismo motivo de no concordar con los expertos en cuestiones de ecdòtica no me he resuelto a publicar las centenares de páginas que desde hace algunos años tengo redactadas sobre parte de los versos de Fray Luis de León. No me faltan las lecturas, de tratado en tratado, y últimamente la del manual postumo de Germán Orduna (2000), pero no logro aunar la teoría con los problemas que plantean las dos obras: acerca de la de Fray Luis de León ya expresé algunas dudas en 1998. A simple vista las ediciones más autorizadas de la poesía luisiana están lejos de haber resuelto el problema textual, ni siquiera para el La corónica 30.2 (Spring, 2002): 335-49 336Margherita MorrealeIm corónica 30.2, 2002 deslinde de los versos auténticos, ni para la supuesta autenticidad de la carta-prólogo anònima a D. Pedro de Portocarrero que tanto peso ha tenido en la interpretación de la poesia luisiana, o de los sonetos amorosos, con lo que implica su autoría, en ambos casos no atestiguados en el manuscrito llamado "de Jovellanos", Academia de la Historia (AH 9/2077), de reconocida importancia. En breve recordaré que la edición princeps de Francisco de Quevedo (1631) mandó hasta la primera edición moderna emprendida por el P. Antolín Merino O.S.A. en el tomo 6 de las Obras (1816), quien se guió principalmente por el mencionado códice/: le siguió en 1955 otro agustino, el P. Ángel Custodio Vega para la edición de la Poesía. La princeps de 1631 fue reivindicada por el hispanista italiano Oreste Macrí en su edición de 1950, y en las sucesivas de 1970 y 1982, como apógrafo de un manuscrito perdido de Don Manuel de Sarmiento (que había sido rector de la Universidad de Salamanca), y desde entonces ha mandado en las ediciones de José Alcina, de la Poesía original, y José Manuel Blecua, Cistóbal Cuevas García, en Poesía completa y Poesías completas (sic), gracias al prestigio de mi compatriota más que a una lectura atenta de sus argumentos. Expuse mis objeciones a esta opción en 1998. Ya desde el P. Vega el problema de la edición se había complicado con la supuesta división en tres etapas o "familias", que atestiguarían las sucesivas intervenciones del poeta en sus versos, deducida de la interpretación literal de la mencionada carta-prólogo, a pesar de no hallarse en el manuscrito / que el agustino prefería: una familia "primitiva", otra "intermedia", representada por la edición de 1631, Qj y la "definitiva", cuyo representante principal sería/. Macrí en su artículo reseña de la edición del P. Vega (1957) hizo propia la hipótesis de las sucesivas etapas, pero invirtiendo el orden, de modo que Q (que él llama correctamente q, tratándose de una...

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Additional Information

ISSN
1947-4261
Print ISSN
0193-3892
Pages
pp. 335-349
Launched on MUSE
2012-04-04
Open Access
No
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