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2009: Jamás leí a Onetti

From: Nuevo Texto Crítico
Volume 23, Numbers 45-46, 2010
pp. 215-217 | 10.1353/ntc.2010.0043

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Jamás leí a Onetti (España, 2009), 78 minutos. Director: Pablo Dotta. Guión: Pablo Dotta. Fotografía: Almudena Sánchez, Jose María Ciganda. Música: Fernando Cabrera. Sonido: Aramis Rubio, Daniel Marquez. Edición: Fernando Pardo. Dibujos y animación: Tunda Prada. Testimonios de: Dolly Onetti, Eduardo Galeano, María Esther Gilio, Fernando Cabrera, Jorge Drexler, Antonio Muñoz Molina, Juan Cruz, Tomás de Mattos, Tunda Prada. Producción ejecutiva: Mariela Besuievsky. Productor delegado: Daniela Alvarado, Mario Jacob. Producción: Tornasol Films para la Sociedad Estatal de Conmemoraciones Culturales-SECC, España.

Documental. Dotta ya había visitado la figura y el tema Onetti, en vida de éste, con otro ejercicio de ficción-documental, titulado El dirigible (1994). Algunas imágenes de aquella película aparecen aquí, pero no son lo fundamental de la nueva película. Lo fundamental, o lo que llamaría los dos ejes del relato fílmico son el dibujo que Tunda Prada va construyendo de Santa María, sobre una gran hoja blanca, mientras explica cada uno de los lugares en relación a los personajes y escenas de la literatura de Onetti, y la música que Fernando Cabrera (quien ya había escrito la música de El dirigible) construye para este documental. (La secuencia de su encuentro con Jorge Drexler es una excusa excelente para hablar de los sonidos y la luz de Madrid, de la luz y los sonidos de Montevideo…). Los dos ejes, dibujo y música, van completándose con el mismo ritmo (gracias al montaje) del documental, de tal modo que cuando éste culmina, también culmina el inmenso dibujo de Santa María y la canción de Cabrera.

Los demás elementos de los que este documental dispone son más convencionales, y se concentran en entrevistas con personas cercanas a Onetti: Dolly Onetti/Dorotea Muhr, Antonio Muñoz Molina, Eduardo Galeano, María Esther Gilio, Juan Cruz, Tomás de Mattos. Cada uno de ellos aporta su personal perspectiva sobre el escritor desaparecido y ésta tiene interés por diferentes motivos. Tomás de Mattos, entonces director de la Biblioteca Nacional, por ejemplo, exhibe los documentos del archivo de Onetti que han ingresado en la Biblioteca, pero su participación—que podría peligrar en el sentido de hacer de Onetti y sus papeles un material archivístico—, toma un giro especial cuando llama la atención sobre el último texto escrito por Onetti, un fragmento novelístico que nunca se completará. Así como en Sor Juana el "Primero sueño" es un ícono de su poesía, las palabras finales de Onetti ("último sueño") cierran un círculo de escritura.

Quien más construye la figura memoriosa de Onetti desde el lado del "mito", es Eduardo Galeano, en su solitaria mesa del Café Brasileiro. Allí, acompañado de un vaso y una botella grande de cerveza, Galeano destila algunos recuerdos personales, anécdotas de su amistad con Onetti desde que él, Galeano, tendría unos 17 años, y las "lecciones" de literatura del maestro (como la de escribir a mano, y no a máquina). Aunque Galeano se equivoca en algún dato histórico (Rulfo y Onetti no se conocieron en Palma sino en Santiago de Chile, muchos años antes, en 1968), la filmación de todas estas secuencias intercaladas en el relato mayor, con su juego exacto de mitad luz y mitad sombra, y la gravedad del semblante de Galeano, y sus últimos movimientos onettianos cuando se va del Café, todo ello aporta la línea de la herencia literaria de Onetti en los más jóvenes, sintetizando las decenas de escritores que se acercaron, en diferentes épocas de sus vidas, a escuchar la voz del Maestro y a recibir de él los consejos trascendentes…

Sin embargo, en el nivel de las entrevistas, hay dos extraordinarias. Una por su originalidad: María Esther Gilio, quien ha sido tal vez la periodista que más entrevistas le arrancó a Onetti a lo largo de décadas, interpreta una secuencia original y hermosa. Entra a un bar, saca de su bolso...



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