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Vértigo 824

From: Latin American Theatre Review
Volume 45, Number 2, Spring 2012
pp. 95-138 | 10.1353/ltr.2012.0002

In lieu of an abstract, here is a brief excerpt of the content:

V Premio de Teatro Latinoamericano George Woodyard, 2011

A Ricardo Alvarenga
Juan Carlos Carías
y María Elena Majano de Carías
Por haberme sostenido en este viaje.

“... y sin embargo se mueve”

Galileo Galilei.

Este es el instante por el que se vive
y por el que se muere.
Este es el instante de belleza.

Vértigo 824

Personajes

  • La mujer

  • El hombre

  • La joven

  • El vendedor

  • El indigente

  • El desconocido

  • La esposa del hombre

  • La hija del hombre

Tripulación de cabina

La Tripulación de Cabina se concretizará en las diferentes situaciones a través de

  • •    La aeromoza

  • •    Voz armoniosa de la aeromoza

  • •    Aeromozas 1 y 2

  • •    Holograma

  • •    Coro de aeromozas

Este último deberá ser interpretado con una plástica de movimiento casi danzario.

La acción se desarrolla en la cabina de pasajeros del avión comercial vuelo 824.

Asiento 12A, ventanilla, La mujer. Desorden. Bolso de mano en el piso. Una bufanda, cuadernos de viaje, bolígrafos, una bebida embotellada no carbonatada y una notebook, regados en su espacio. Lleva una pañoleta excéntrica en la cabeza que hace juego con el chal que viste sobre los hombros y la bufanda.

Asiento 12B, al centro, La joven. Peinada y maquillada. Ataviada con accesorios y gafas oscuras. Pequeño bolso de mano y un celular sin señal.

Asiento 12C, pasillo, El hombre. Aire resuelto. Viste traje casual. Un portafolio con catálogos como equipaje de mano.

Al lado los asientos 12 D, E y F vacíos.

Se escucha el sonido del motor del avión que va ganando cada vez más volumen y velocidad.

La mujer:

Basta. Basta. Basta. Esta mierda que no para. Que nunca para. Nunca, nunca, nunca. Nunca para. ¡Basta!

El hombre:

Basta, basta, basta. Esta mierda que no para. Que nunca para. Nunca, nunca, nunca. Nunca para. ¡Basta!

La joven:

Basta... basta... basta... Esta mierda que no para. Que nunca para. Nunca, nunca, nunca. Nunca para. ¡Basta!

La mujer, El hombre y La joven:

¡Vértigo!

Silencio.

Aparece La aeromoza y con su voz armoniosa da la bienvenida a los pasajeros.

La aeromoza:

Damas y caballeros, sean muy bienvenidos a bordo. Su vuelo 824 con destino a la ciudad de su preferencia se complace en servirle...

El ruido de los motores hace inaudible a La aeromoza quien presenta a la Tripulación de Cabina y da las pertinentes indicaciones de seguridad. Nada se escucha. De diversos sitios del avión surge el Coro de aeromozas que hace la señalización de las indicaciones: cinturón de seguridad, salidas de emergencia, mascarilla de oxígeno, chaleco salvavidas. El hombre, La mujer y La joven les miran inmutables.

Empieza el ascenso.

Los tres:

Basta, basta, basta. Esta mierda que no para. Que nunca para. Nunca, nunca, nunca. Nunca para.... Basta, basta, basta. Esta mierda que no para. Que nunca para. Nunca, nunca, nunca. Nunca para. ¡Basta!

El ruido de los motores cesa.

La aeromoza:

... alcanzando una velocidad de ochocientos kilómetros por hora a una altitud de treinta mil pies. Las condiciones climáticas presentan excelentes condiciones para volar. En caso de emergencia estaremos para servirle. Que lo disfrute.

Coro de aeromozas:

¡Vértigo!

La aeromoza y el Coro de aeromozas desaparecen. Todo queda en silencio.

El hombre se persigna y masculla una oración. La mujer pega la frente a la ventanilla y mira hacia afuera la ciudad que se aleja. La joven permanece inmóvil.

Se escucha la Voz armoniosa de la aeromoza.

Voz armoniosa de la aeromoza:

Les informamos que es seguro desabrochar sus cinturones, recordándoles que es preferible mantenerse en sus asientos. A partir de este momento puede utilizar el equipo electrónico permitido.

El hombre desabrocha su cinturón inmediatamente y se estira en su asiento. La mujer permanece con la frente pegada a la ventanilla y La joven inmóvil.

El hombre:

¡Me fascina volar! ¡Me fascina! (A cualquiera de ellas) ¿a usted no? (Ninguna contesta) Yo lo hago por lo menos tres veces al año desde hace cuatro años. ¡Qué felicidad! Hay que admitir que siempre da un cierto cosquilleo... cierto temorcillo... pero es fascinante de verdad... ¿verdad...



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