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Manifestaciones materiales de cultura intelectual en la zona andina, pre- y posconquista

From: Latin American Research Review
Volume 48, Number 1, Spring 2013
pp. 205-212 | 10.1353/lar.2013.0012

In lieu of an abstract, here is a brief excerpt of the content:

Desde el siglo XVI, cuando los españoles documentaran la existencia de varios sistemas de registro al interior de la sociedad incaica —tales como los khipus, descritos por los jesuitas Martín de Murúa (1590) y Bernabé Cobo (1653), y las tablas pintadas, tratadas por Cristóbal de Molina (1575)— y los homologaran en cierta medida a la escritura y a las bibliotecas o archivos europeos, tal como lo hizo el agustino Antonio de la Calancha (1638), el interés por comprender el funcionamiento de esos sistemas ha atraído a diversos investigadores y estudiosos en busca de su comprensión. Las tempranas asociaciones con la escritura alfabética y con las instituciones europeas creadas para conservar la información, tales como las bibliotecas y los archivos, han sido una de las comparaciones constantes con las cuales se ha tratado de abordar su estudio, ya sea para entenderlos como una forma distinta de escritura,1 o para construir modelos teóricos y conceptuales que equilibren el peso ideológico que tiene la escritura alfabética como única o más eficiente forma de registro y de comunicación, y así permitir una mejor comprensión de los sistemas andinos, ya superada la comparación. En 2006, Frank Salomon inició su libro sobre los quipocamayos actuales de la sierra peruana relatando la pregunta mil veces formulada por sus estudiantes: “¿podían escribir los incas?”.2 Y Carolyn Dean, en el libro que comento, inicia su segundo capítulo con la siguiente advertencia formulada por un campesino andino: “The Spanish brought writing. The Inkas did not know writing; they knew stonework” (65).

Los tres textos comentados contienen diversas propuestas para superar esa comparación. Para Gauvin Alexander Bailey, por ejemplo, es obvio que el llamado Barroco Híbrido Andino es mucho más que una mera expresión artística o estética. Se trata más bien de la construcción, en un contexto religioso evangelizador, de una propuesta hecha desde los artesanos andinos de cómo entender el mundo habitado por los seres humanos y las divinidades (tanto cristianas como algunas andinas). En esa perspectiva, la dimensión comunicacional de los signos y símbolos tallados en las piedras es evidente, constituyendo un verdadero lenguaje no alfabético usado para comunicar ideas. En la misma perspectiva se ubica el texto de Dean, que aborda lo que ella denomina con acierto una “cultura de la piedra” existente en la sociedad incaica. La piedra entendida no como material constructivo —inerte, útil para edificar grandes edificios, templos y palacios (que la usaron igualmente)— sino como sustancia significante, un material privilegiado por los incas para entender su mundo y para transmitir enunciados vinculados a la memoria, al poder y al carácter sagrado de los gobernantes. Hay una semiótica plástica y visual puesta en juego en esas piedras cargadas de significaciones y mensajes, por lo que, nuevamente, se podría hablar de otro lenguaje que no requirió el desarrollo de formas escritas, ni menos alfabéticas, para transmitir y ser comprendido.

Es tal vez Galen Brokaw el que se detiene más en los problemas de la ausencia de escritura en las sociedades andinas y de las comparaciones entre ésta y los khipus. Brokaw nos propone hacer dos desplazamientos. Por una parte, entender a la escritura alfabética como un sistema semiótico secundario que no requiere la acción comunicativa interpersonal, tal como muchos otros existentes en las diversas sociedades humanas, al tiempo de proponer la sustitución del término escritura por el de medio de comunicación (10). El valor comunicacional de los khipus queda, entonces, igualado: un sistema secundario con igual valor de eficacia social que otros medios de comunicación.

Respecto de las particularidades de los sistemas de comunicación andinos, ya los primeros observadores europeos se percataron de que su comprensión y uso presentaba al menos dos grandes problemas. Por una parte, los materiales, los soportes en los que se inscribían los registros y signos, eran ajenos a las experiencias intelectuales ya conocidas por los españoles en otros lugares de América. Las lanas de colores con las que se hilaban los...



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