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Galdós y Balzac

From: Anales Galdosianos
Volume 47, 2012
pp. 73-79 | 10.1353/ang.2012.0014

In lieu of an abstract, here is a brief excerpt of the content:

Convertir los sucesos en ideas,
tal es la función de la Literatura.

G. Santayana, Little Essays, p.138.

En Mayo de 1867, apenas cumplidos los veinticuatro años, marchó Pérez Galdós a París por una breve temporada. Se celebraba entonces la Exposición Universal que visitó con detenimiento, y recorrió palmo a palmo la capital de Francia con curiosidad infatigable. Un día encontró casualmente en uno de los típicos puestos de libros viejos de la orilla del Sena la novela de Balzac Eugenia Grandet. La leyó con fruición y quedó tan impresionado, que al parecer se entregó en seguida con avidez a la lectura de toda la Comédie humaine que habría de llamar maravillado en uno de sus Episodios, "verdadera selva encantada". El destino glorioso de nuestro gran novelista, estaría ya marcado y sin duda próxima a las inciertas laxitudes del despertar, dormiría ya en él su vocación esencial. Atribuir al azar de un paseo solitario la existencia de Galdós como figura literaria, sería absurdo. Pero no deja de ser significativo que al volver a Madrid tras ese primer encuentro con el novelista francés junto al río que fue como el Ecuador del mundo balzaciano, abandonara sus primeros proyectos literarios y comenzara a escribir La Fontana de Oro, primera novela de Galdós y heraldo triunfante de la novela moderna en España; también es curioso que La Fontana de Oro se terminara de escribir al año siguiente, sobre tierra de Francia. (La primera novela de Balzac fue también una novela histórica, Les chouans: por la novela histórica entraron ambos en la "novela social". Con razón afirmó Comte que la más profunda significación de aquella fue la de presentarnos unidas la vida pública y la vida privada; así, pues, también en la literatura la visión histórica condujo a la visión sociológica.)

Raro es el trabajo o alusión a Galdós en que no se le llame "el Balzac español", expresión que llega a ser tópica en la escasa bibliografía española sobre el autor de Fortunata y Jacinta. Salvo en muy contadas ocasiones y siempre con brevedad, apenas si se ilustra la afirmación con especiales consideraciones; así ocurre incluso en los libros de Clarín y Casalduero que debemos citar por excepcionales.

Decir que Galdós es el Balzac español puede significar simplemente que al primero corresponde en la literatura española un lugar parecido al que ocupa el segundo en la literatura francesa y en este sentido solo se pretende constatar las respectivas situaciones de preeminencia literaria. Puede significar también una equiparación, cabría decir formal, entre sus producciones consideradas como totalidad y con especial referencia al tema y propósito. Y puede indicar por último, dando máxima intensidad a la fórmula comparativa, que la analogía alcanza de forma sustancial y omnivalente tanto a sus personalidades cuanto a la conjunta significación, calidad y forma de sus creaciones literarias. Poco tendríamos que objetar a lo primero, algo más a lo segundo y bastante a lo tercero. Pero no pretendemos en esta líneas plantear siquiera el esbozo de la cuestión, sino sugerir tan solo algunas coordenadas que ayuden a situarla; y ello desde ángulos y perspectivas no exclusivamente literarias, cosa que, un tanto ajena a nuestras normales preocupaciones, dejamos para quienes puedan hacerlo con más autoridad y conocimiento.

El tema y propósito general de las obras de ambos es en principio el mismo: la sociedad contemporánea. "La Sociedad Francesa iba a ser el historiador, no resultando yo sino el secretario", dice Balzac en el prólogo de la Comédie humaine. "Imagen de la vida es la novela...; la sociedad es la primera materia del arte novelesco", confiesa Galdós en su discurso ante la Academia. Siendo el objeto tan radicalmente histórico, parece obligado considerar cómo se les ofreció objetivamente. Hubieran coincidido en el espacio y en el tiempo, y la objetiva existencia de una misma realidad social...



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