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Una olvidada necrología de Galdós

From: Anales Galdosianos
Volume 46, 2011
pp. 115-117 | 10.1353/ang.2011.0015

In lieu of an abstract, here is a brief excerpt of the content:

Entre los muchos recordatorios funerarios que se le tributaron al insigne autor gran-canario Benito Pérez Galdós en la hora de su despedida hay algunos que nunca han sido reimpresos ni han conocido una difusión mucho mayor que la que concedía el modesto arco de influencia de unos medios periodísticos de divulgación local o provincial. En esa órbita cae la contribución del hoy olvidado literato José María del Busto de título tan escueto como connotativo: "Galdós". Vio la luz en la primera plana del semanario avilesino El Progreso de Asturias, dirigido por el periodista local Julián G. Orbón, de infausto destino (fallecería violentamente en los primeros meses de la guerra civil española), correspondiente al 10 de enero de 1920.

¿Quién fue Del Busto? En septiembre de 1908 apareció en Madrid la ópera prima de este escritor asturiano de ideas liberales: Cuadros de la vida, un libro de 126 páginas convenientemente prologado para la ocasión por el erudito conquense Andrés González Blanco. José M.ª del Busto iniciaba una carrera literaria sin desvincularse de su tierra natal, pues, aunque publicó en la capital de España la mayoría de su producción (La luna ríe, Castillo de quimeras, Dos mujeres y un ladrón, Quince meses después... De la Monarquía a la República, Aventura en el gran mundo, etc.), era hijo primogénito de la condesa de Cobatilla, además de haber contraído nupcias con la hija de la marquesa de San Juan de Nieva. Avilés y sus coetáneos nunca lo olvidaron, como da irrefutable testimonio de ello el homenaje que se le tributó el 19 de agosto de 1928 en el hotel de La Serrana, donde José Mª del Busto estuvo acompañado por el ministro José Manuel Pedregal o el académico y crítico de arte José Francés.

A la pregunta de quién y cómo era José M.ª del Busto trata de responder su padrino Andrés González Blanco en el antedicho prólogo de ocho páginas que le escribe en Oviedo en septiembre de 1908. En el mismo hace un retrato físico y literario del escritor. Tiene «cenceño rostro, negros ojos acariciadores, crencha de azabache, fuerte barba, delatora de un espíritu viril, de gallardo porte aristocrático, un tanto donjuanesco, y correcta indumentaria», amén de un nombre «de legítima estirpe asturiana, nombre que sabe a manzanas verdes, a casona solariega y rica, nombre que huele a cenoyo y a espadaña». Por lo que atañe a sus aptitudes, señala González Blanco que es «uno de los pocos y últimos románticos que quedan en esta España infestada de canónigos, de mercaderes y de políticos veniales», que tiene «espíritu de soñador y de poeta», que se encuentra «pertrechado de cultura», es «conocedor de los recursos novelescos» y se ha revelado como un «hábil manejador de la limpia y pura lengua de Castilla». Todo ello lo faculta, afirma, para consagrarse al cultivo de las bellas letras, porque su desahogada posición económica no le obliga a claudicar de su ideario para dar gusto a sus superiores y poder llevarse los garbanzos a casa; González Blanco, pensando en José Mª del Busto, aboga por el «libre cultivo del arte, la profesión más independiente, seria e ideal, cuando se abraza con cariño y se tienen condiciones».

Al artículo elegíaco de Del Busto, henchido de una fervorosa y encomiástica verbalidad modernista, le precedía una exaltada nota de la redacción, debida obviamente a Orbón, y en la que podía leerse: «Cuando nos disponíamos a rendir a la memoria de don Benito Pérez Galdós el homenaje de nuestra admiración y de nuestro recuerdo, tan grande aquélla como fervoroso éste, llega a nuestras manos el hermoso y vibrante artículo que nos remite el notable literato don José María del Busto, quien con las galanuras de su pluma maestra expresa admirablemente nuestro...



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