Abstract

Este texto analiza un espacio largamente ignorado por la crítica latinoamericana: el invernáculo de flora tropical que acompaña al poeta José Fernández en sus viajes por la Europa de fin de siglo en la novela de J. A. Silva De sobremesa. El ensayo argumenta que el espacio del invernáculo móvil interpela las fantasías regeneracionistas de la reacción conservadora de entonces (1886-99), que pretendía reimplantar el orden supuestamente subvertido por las reformas liberales de mediador del siglo XIX y reconducir al país por la ruta del progreso. Como un espacio donde la naturaleza tropical obedece los designios del hombre, plenamente ordenada y puesta a producir, el invernáculo móvil, no obstante, crea a un hombre degenerado: un ser que a pesar de ser blanco y de sensibilidades europeas es completamente improductivo: cultiva en el invernáculo orquídeas para regalarlas, descansa en hamacas donde fuma opio y practica relaciones eróticas que contravienen la normativa social.

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