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2009: Mal día para pescar
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2009: Mal día para pescar

Mal día para pescar (España–Uruguay, 2009), 100 minutos. Director: Álvaro Brechner; guión: Álvaro Brechner, con la colaboración de Gary Piquer, sobre el cuento "Jacob y el otro" de Juan Carlos Onetti; fotografía: Álvaro Gutiérrez; Música: Mikel Salas; montaje: Teresa Font; Dirección de arte: Gustavo Ramírez; sonido: Fabián Oliver; intérpretes: Gary Piquer (Orsini), Jouko Ahola (Jacob van Oppen), Antonella Costa (Adriana), César Troncoso (Heber), Bruno Aldecosea (Díaz Grey), Alfonso Tort (Ronco), Jorge Temponi (Jorge), Jenny Goldstein (Jessica), Ignacio Cawen (Fernández), Luis Lage (Rius). Productor: Adolfo Blanco, Álvaro Brechner, Tomás Cimadevilla, Virginia Hinze.

Tal vez lo más difícil en una adaptación cinematográfica de un texto literario magistral —como es "Jacob y el otro" de Juan Carlos Onetti— es conseguir un tono de relato que no traicione al literario. Como adaptación, o versión, de un [End Page 217] medio a otro, el cine puede gratificarse con otras libertades, pero en el tono, no. Álvaro Brechner acierta en éste como en otros aspectos de su película. Aunque los lectores de Onetti hemos imaginado diferentes Santa Marías (la ciudad imaginada de Onetti, donde se desarrollan historias y personajes), la de Brechner es no sólo aceptable, sino tal vez la mejor. Un tanto decadente, con un teatro, el Apolo, que tuvo sus mejores días, un diario, El Liberal, que ahora se dedica a cubrir socialmente bautizos, un médico (Díaz Grey) que pasa sus días en el bar jugando cartas con sus amigos, hay mucho en esta Santa María reconocible como una ciudad mediana, o pequeña, del litoral uruguayo-argentino (nunca se supo de qué lado del Río Uruguay se localizaba en la imaginación de Onetti).

A esta ciudad llegan dos extranjeros, Orsini, que en sus tarjetas se añade el título de Príncipe, y Jacob van Oppen, un luchador fornido pero a la vez demasiado maduro, y con kilos de más (el actor, de hecho, engordó quince kilos para dar el personaje), y en este sentido la película comienza como un Western clásico. Orsini, el manager, desafía por mil dólares (que no tiene) a quien se atreva a aguantar tres minutos sobre el ring, con su campeón mundial. Este, un hombre sensible y de pocas palabras, que llora ante la Virgen en una secuencia magistral dentro de una iglesia, tiene sus propios demonios: fue destituído por la unión europea de luchadores, y sueña con volver a la edad dorada de campeón… y a su propia juventud. Así como hay dulzura en Jacob, hay cinismo en Orsini. Este es un típico estafador, que usa a todos a su alcance para hacerse de sus pocos medios para seguir a otra ciudad y volver al desafío de la lucha. Pero Orsini siente tambien el placer de ser quien es. Es embaucador y seductor, y lo sabe.

En Santa María, finalmente, su principal "enemigo" es una delgada muchacha que acepta el desafío y ofrece a su novio, el Turco, para que suba a la lona. Orsini, acostumbrado a "comprar" las luchas pagándole de antemano, y en secreto, una pequeña cantidad a quienes aceptan el reto, advierte que el Turco es demasiado formidable para su protegido. Intenta escapar de ese compromiso, pero la muchacha lo persigue, le exige que deposite la plata en una institución neutra como el periódico, y también Jacob, quien tal vez empieza a sospechar de su amigo, lo obliga a defender su palabra. Y el Turco y Jacob suben a la lona.

La película está hermosamente ambientada, y no hay aspecto técnico que no sea admirable, pese a la mesura y cierta modestia (necesarias) del director. Así, por ejemplo, hay una sola toma de grúa, casi al comienzo, para ver salir del Apolo, al público enfurecido que amenaza incendiar el local, mientras la ambulancia se acerca a máxima velocidad para socorrer al luchador moribundo. El suspenso del...